MARX LUEGO DE MARX: RECORRIENDO ESCUELAS

En esta edición 31 del Río de Heráclito presentamos: “Marx luego de Marx: Recorriendo Escuelas” de Mara Mallorquín. Un artículo de divulgación sobre las diferentes escuelas que han continuado con el pensamiento marxiano, durante el siglo XX. En segundo término un pequeño corto sobre la Filosofía Marxiana: “La Función de la Filosofía, según Marx.”

 Esta edición solo para marxianos!

NOTA DE CABECERA

MARX LUEGO DE MARX: RECORRIENDO ESCUELAS

JUSTIFICACIÓN DEL TÍTULO, A MODO DE INTRODUCCIÓN

La contribución de la teoría marxista a la sociología, ha recorrido el pensamiento del siglo XX y se ha asentado en las escuelas. No de una manera estática, sino desde una continua reinterpretación desde los contextos y tradiciones que han surgido a lo largo del siglo.

Este trabajo se propone realizar una síntesis de las escuelas que han tenido como punto de partida la teoría marxista, con el objetivo de plantear la reflexión, diálogo y crítica que se produce, tanto al interior de las escuelas, así como entre los pensadores de las mismas. Para ello, se establece una selección de autores que contribuyen al debate sobre Marx desde sus escuelas, recurriendo a las obras de dichos autores, así como a interpretaciones de académicos. Se advierte de antemano que se han excluido algunos de los exponentes por motivos, meramente, metodológicos.

El viaje por las escuelas europeas del siglo XX (vigentes aún, como tradición y praxis) comienza por la primera y segunda generación de la Escuela de Frankfurt, que concluye dinámicamente en la lógica de la Razón Comunicativa frente a la Razón Instrumental. Desde la Teoría Crítica de Max Horkheimer, Adorno y Herbert Marcuse, hasta la propuesta de Jürgen Habermas en la posmodernidad. El concepto de Reificación emerge como uno de los hilos conductores, propuesto por el húngaro Georg Lukacs.

La escuela francesa presenta a Pierre Bourdieu y a Michel Foucault, con la introducción de nuevos elementos, así como críticas a la visión marxista. El diálogo permanece en El Estructuralismo Marxista, desde la noción de “aparato” de Louis Althusser y el establecimiento de la “nueva burguesía” por el representante griego Nico Poulantzas.

El debate aparecería como la característica de las escuelas propuestas, a lo largo del siglo XX, y con una interrogación sobre su continuidad en el siglo XXI.

LA ESCUELA DE FRANKFURT: DE LA PRIMERA GENERACIÓN A LA SEGUNDA.

 La Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, no solo aparece como una teoría explicativa de una realidad histórico social, sino que pretende ser una herramienta poderosa para transformar los procesos contradictorios en las sociedades. El conocimiento para los exponentes de la Escuela supone una mediación entre la experiencia, la praxis de una época en específico, y los intereses teóricos y extrateóricos del mismo contexto. Por ello, la Filosofía Social es simplemente un estadio del conocimiento en proceso de ser una fuerza transformadora, como lo expondría Jürgen Habermas, de la segunda generación de la Escuela.

La Escuela de Frankfurt, , tiene su auténtica génesis con la dirección de Max Horkheimer cuando sucede a Grünberg en la dirección del Instituto de Investigación Social. Horkheimer, filósofo de la primera generación, expone, desde su contexto, que la sociedad se encuentra incapacitada en la utilización de las fuerzas y la riqueza producidas en dicha sociedad. Es por la misma razón que, desde la crítica al Sujeto contemplativo de una verdad observada, la Teoría Crítica se erige y se desarrolla en el examen exhaustivo del marxismo.

La Teoría Crítica, como aclaración racional tiene dos planteamientos: la síntesis de la teoría marxiana con la teoría freudiana, y los problemas referentes a teoría y praxis en el concepto y realidad de la nueva Sociedad de Masas. Esta etapa permite la introducción del psicoanálisis, para la utilización de la psicología colectiva en la política. Lo que devela el grado de interdisciplinariedad de la escuela de Frankfurt.

En palabras de Max Horkheimer, en La sociedad de consumo de masas, se altera el esquema medio-fin; los fines y objetivos se convierten en medios para el consumo de productos serializados y homogeneizados en los que el individuo “deberá” encontrar su “ser”. Como punto de partida, Herbert Marcuse, señala que la Sociedad de Masas no puede construirse desde sus estructuras sociopolíticas y culturales, pues se presenta la dominación del inconsciente social. La razón dominante, para Marcuse, vuelve legítima la dominación política y se constituye en un elemento de constante perfeccionamiento, por ello la necesidad de una ruptura radical con el pensamiento “unidimensional”.[1]

Es en esta Sociedad Unidimensional, donde surge el continuo sometimiento a la fetichización y alienación de los miembros. Esta dominación se fundamenta en una Desublimación de carácter represivo donde la realidad y el sujeto se trasforman en herramientas para la producción y el consumo. Por otro lado, como colaboradores, Horkheimer y Adorno, advierten que el proceso de cosificación, no solo afecta al grupo dominante, sino también a la conciencia del proletariado. Según este análisis de la primera generación de Frankfurt se verifica la incapacidad del proletariado de los países industrializados para superar la sociedad capitalista.[2]

Se puede observar cómo la historia ha producido en la Escuela de Frankfurt una tradición instalada, aun con cierta lejanía teórica de la primera generación, pero con reincidencia en el tema; para construir desde el legado y la crítica, posibles soluciones, incluso a la incapacidad del proletariado de romper los fenómenos del capitalismo en las sociedades. Como exponente de la Segunda Generación del pensamiento Frankfurtiano, Jürgen Habermas, reflexiona sobre temas como: la dicotomía entre razón y acción, o la ausencia de análisis marxiano sobre Trabajo e Interacción, la reconstrucción del materialismo histórico, alienación, dimensión objetiva del trabajo, etc. Así como la elaboración de la Teoría de la acción comunicativa.

Critica fuertemente al marxismo por descuidar el aspecto superestructural y hacer fuerte hincapié en lo económico-material. En el análisis marxiano del Trabajo, se advierte la visión reduccionista de Marx, en referencia a la praxis humana:

“No es la conciencia del hombre la que determina su ser…., sino el ser social lo que determina su conciencia”[3].

Es en esa afirmación, según Habermas, que Marx subestima la dimensión simbólica o de interacción. Como consecuencia habría una tensión entre sujeto y estructura, o al menos una “no interacción”. Ejemplo de ello es que La producción del capital es consecuencia de la organización formal dentro de un sistema que dirige de manera abstracta el rendimiento del trabajo. Para Habermas, la interacción social es la generadora de fuerza de trabajo, y esta última generadora del rendimiento para el sistema económico. Mientras Marx observa las crisis o contradicciones dentro de la economía como los elementos necesarios para la transformación social, Habermas observa que el Trabajo se institucionaliza dando fortaleza al sistema.

Para Habermas el rasgo fundamental de la sociedad moderna es la Reificación o cosificación como tendencia. Dicha tendencia está a su vez estrechamente vinculada y determinada por el proceso de una racionalización unidimensional que tiene lugar en todas las esferas de las sociedades capitalistas industriales y que sigue una lógica instrumental. Como consecuencia se produce una cosificación, eso es, «una deformación patológica de las infraestructuras comunicativas del mundo vital».El lenguaje es sustituido en su función de coordinación de acción, por medios tales como el dinero y el poder.

Para György Lukács (1885 -1971), de origen húngaro, el concepto de mercancía es el problema estructural central de la sociedad capitalista. El fetichismo de la mercancía es el proceso por el que se otorga a la mercancía y al mercado una existencia objetiva e individual en la sociedad capitalista. Amplía el concepto de fetichismo, que Marx asociaba a la economía, a toda la sociedad, incluyendo ámbitos como el derecho y el Estado. Habla de reificación o cosificación, el ser humano se percibe como objeto y no como sujeto, según las leyes del mercado.

El verdadero cambio depende de la razón comunicativa[4]. Esto se presenta si los distintos participantes superan sus opiniones inicialmente subjetivas y aseguran, gracias al compartimiento de convicciones racionalmente motivadas, al mismo tiempo, la unidad del mundo objetivo y la intersubjetividad de su contexto de vida. El actuar comunicativo perteneciente a situaciones sociales está orientado hacia la comprensión y el entendimiento. Ante dicho panorama de la sociedad moderna, la teoría habermasiana plantea un modelo de “dialéctica voluntad ilustrada y potencialmente autoconciente”. Lo cual significa una conciliación racional entre el progreso técnico y la dirección de la vida social: en la discusión general y pública de libre dominio.

CRÍTICAS Y RUPTURAS, PARTIENDO DE MARX.

Desde la Escuela Francesa, Pierre-Félix Bourdieau (1930 – 2002), no reifica a las clases sociales, las trata como sujetos, y las considera una realidad histórica. Para Bourdieu, los aspectos subjetivos de las relaciones de clase son nucleares: las relaciones de sentido, la posesión de bienes culturales y la dominación simbólica.
Así, desde los planteamientos de la teoría social de Bourdieu, existen una serie de rupturas con la teoría marxista, o al menos la introducción de nuevos elementos a la misma. Aun cuando aparecen diferencias entre ambos autores, Bourdieu coincide con Marx en el capital como trabajo acumulado, el trabajo como actividad generadora de mercancía y servicios, generadora de plusvalía.
Desde su enfoque, la teoría marxista contribuye, como ninguna otra a la teoría social, pero el purismo que se pretende, de base científico – materialista, puede representar un obstáculo para el análisis. Bourdieu logra una ruptura con el economicismo, y como propuesta un campo social pluridimensional; una ruptura con el objetivismo, para prestar atención a las luchas simbólicas en cuanto a la representación misma del mundo social.

Marx no establece en su teoría procesos tales como los abordados por Bourdieu, a menudo de carácter simbólico, aunque sienta las bases para hacerlo. Bourdieu enfatiza la práctica social como elemento central, estructurante y estructurado por la sociedad, que sobrepasa la idea de trabajo específicamente económico.[5]

El contemporáneo de Bourdieu, Paul-Michel Foucault, aborda principalmente el tema del Poder, alejándose del sentido clásico. El poder no se encuentra situado en una institución, o en el Estado, por lo cual crítica la concepción marxista de la “toma de poder”; así como también cuestiona la propuesta contractualista de cesión de poder del individuo al soberano.

El sujeto está determinado por las relaciones de poder, no puede ser considerado de manera independiente de esa realidad. Este poder, no solo reprime, sino que también, produce verdad y saber. Foucault afirma que la verdad no queda ajena a la cuestión del poder; la verdad se produce de acuerdo a múltiples relaciones y luchas por el poder, a disputas, a agonísticas constantes que conllevan efectos en los individuos, en las instituciones, y por supuesto en el amplio dominio del saber. Cada sociedad construye su régimen de verdad, su “política general de la verdad”; lo que equivale a decir que cada sociedad produce históricamente los rituales y mecanismos que permiten aceptar lo verdadero y rechazar lo falso. La verdad, por lo tanto, no se encuentra fuera del poder ni carece de efectos de poder. De este modo el planteamiento de la verdad conduce a la política.

Desde la Microfísica del Poder se advierte cómo se construye un entramado de relaciones de poder en lo que se llamaría luego “Una trama de poder microscópico, capilar”, donde no es el poder político ni los aparatos de Estado, ni el de una clase privilegiada, sino el conjunto de pequeños poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo. No existe El poder; en la sociedad se dan múltiples relaciones de autoridad situadas en distintos niveles, apoyándose mutuamente y manifestándose de manera sutil. De esto se despliega la limitación de la observación de poder en la teoría marxista, demostrando ésta solamente los efectos – consecuencias del poder, tanto desde la perspectiva estatal así como desde la explotación de los proletarios[6].

Sería Michel Foucault, como discípulo de Louis Althusser, que establecería un continuo debate sobre la obra de Marx, sobre la historia, la ideología y el poder. Althusser y Foucault coinciden en que el gran problema de las sociedades occidentales es el humanismo, presente en la política, la educación, la moral, y las relaciones de trabajo[7].

El Estructuralismo Marxista de Althusser, presenta a la tradición y pensamiento marxista desde una metodología científica de interpretación de la historia. Este enfoque margina la perspectiva humanista e idealista, que como hilo conductor expone las contradicciones en los modos de producción y la estructura dominante de las relaciones sociales. Althusser pensaba que las ideas de Marx habían sido malentendidas, especialmente por los marxismos. Consideraba que varias formas de interpretar a Marx (elhistoricismo, el idealismo, el economicismo, el humanismo, etc.), no hacían justicia al carácter científico de los trabajos de Marx.

“La revolución teórica de Marx” y “Para leer El Capital”, publicadas ambas en 1965, fueron las obras que dieron a conocer a Althusser. Se amplía el concepto marxista de Estado , y se concibe la idea de “aparato estatal”. En esta figura, utilizada por Althusser se verifican instrumentos represivos (fuerzas armadas, policía, etc) de las funciones de los aparatos ideológicos del Estado.

En esta perspectiva, la sociedad es construida por una jerarquía de estructuras independientes, sujetas a los valores dominantes. Los “aparatos ideológicos” del Estado, aseguran la adhesión inconsciente de los individuos a los valores de la estructura social, que da lugar a la dominación social. Los medios de comunicación cumplen la misión de dominio, conjuntamente con la familia, el arte, entre otros, de articular el sistema de relaciones y otorgar el significado a dicha estructura.

Los marxistas instrumentalistas sostienen que el Estado es simplemente un instrumento en manos de una clase social determinada. Nico Poulantzas realiza una crítica al análisis simplista del Estado en Marx.

El Estado para Poulantzas, es un organismo aparentemente autónomo de la clase capitalista, pero de alguna manera consigue asegurar el funcionamiento de la sociedad burguesa; por lo tanto el beneficio a dicha clase es aún más complejo que lo expresado por Marx. El estado obtiene consentimiento. Se obtiene un sistema de alianzas y una cierta ideología. Pues si la clase dominante simplemente reprime los movimientos de los oprimidos y evita hacer concesiones de cualquier tipo, la situación podría desembocar en una revolución.

 Este sistema de alianzas es tanto dentro de las clases como entre ellas. Así, por ejemplo, el sector capitalista dominante puede entrar en alianza con sectores capitalistas menos poderosos a fin de excluir otros, y esos otros pueden a su ves aliarse con otros sectores, incluidos algunos de la clase trabajadora, a fin de tratar de desplazar al primero.

Poulantzas analizó el papel desempeñado por lo que llamaba “la nueva burguesía” (sectores ascendentes de la clase trabajadora) para consolidar la hegemonía de las clases dominantes y dificultar la capacidad del proletariado para organizarse. Situándose en una posición contradictoria, es decir, identificándose con su opresor de facto, esta fracción de la clase trabajadora apoya a la burguesía, cuyo destino cree que comparte.

Al leer las entre líneas de Poulantzas, surge la estructura de clases en una época en la que la internacionalización de los sistemas de producción (“globalización”) estaría desplazando el poder desde sectores “progresistas” a sectores capitalistas.

DEBATE DEL SIGLO XX A MODO DE CONCLUSIÓN

El recorrido de la Escuela de Frankfurt, desde la primera a la segunda generación, atisba un distanciamiento en ciertos temas de la teoría marxista, pero la historia va ahondando el estudio de la cosificación o reificación del sujeto, como fenómeno producido por la sociedad moderna. Cómo, desde la atención al carácter superestructural de las sociedades, de la Sociedad Unidimensional de Marcuse, a la teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas, el verdadero cambio depende de la razón comunicativa.

El actuar comunicativo perteneciente a situaciones sociales está orientado hacia la comprensión y el entendimiento.

La escuela francesa incorpora nuevos elementos para el análisis de la sociedad, como un campo social pluridimensional y la atención a las luchas simbólicas desde Bourdieu, o el entramado de relaciones de Poder de Michel Foucault que permite ver la construcción del poder en la estructura y aquello qué la sostiene.

Por otro lado, con eternos debates internos, el Estructuralismo de Althusser, propone una nueva lectura de Marx. Una sociedad construida por una jerarquía de estructuras independientes, sujetas a los valores dominantes. “Aparatos ideológicos” del Estado, que aseguran la adhesión inconsciente de los individuos a los valores de la estructura social, que da lugar a la dominación social; con el análisis de Poulantzas, que ofrece una posible mirada a la estructura de clases en una época en la que la internacionalización de los sistemas de producción (la actual “globalización”) podría estar desplazando el poder desde sectores “progresistas” (incluyendo sectores de la clase trabajadora en alianza con ” clases medias” y “capitalistas progresistas”) a sectores capitalistas.

Al interior de cada escuela existe reflexión, debate y crítica a los postulados de Karl Marx, así como los llamados diálogos de convergencia y divergencia entre Habermas y Foucault, Foucault y Althusser.

Las críticas de exponentes de la posmodernidad a Marx, y a la Escuela de Frankfurt, señalan las puertas abiertas de la historia para la reflexión sobre la teoría marxista y sus interpretaciones posteriores.

Mara Mallorquín

 CITAS DEL ARTÍCULO

WEB CONSULTADAS

BIBLIOGRAFÍA

  • Adorno, Theodor, Max Horkheimer, Dialéctica del Iluminismo 1944
  • ALTHUSSER, LOUIS BALIBAR, ETIENNE, Para leer el Capital , Editorial: Siglo XXI (Mexico)
  • Bourdieu, Contrafuegos: reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal. Barcelona: Anagrama, 1999.
  • Bourdieu Las estructuras sociales de la economía. Buenos Aires: Manantial, 2001. Trad. de Horacio Pons
  • Foucault, M. (2004). Discursos y verdad en la antigua Grecia. (Á. Gabilondo, Ed., & F. F. Megías, Trad.) Barcelona: Paidos
  • Foucault, M. (2003). La verdad y las formas Jurídicas . Barcelona: Gedisa.
  • Foucault, M. (1994). El orden del discurso. Buenos Aires: Tusquets
  • Foucault, M. (1993). Las redes del poder . Buenos Aires: Almagesto.
  • Foucault, M. (1982). Nietzsche, Freud, Marx. Buenos Aires: El cielo por asalto.
  • Foucault, M. (1979). Microfísica del poder. Madrid: La piqueta.
  • HABERMAS, Jürgen, Teoría de la acción comunicativa. Complementos y estudios previos, Ed. Cátedra.
  • HABERMAS, Jürgen, Teoría y praxis. Estudios de filosofía social, Ed. Tecnos.
  • MARCUSE, Herbert, El hombre unidimensional, Ed. Seix Barral.
  • MARX, Karl, El capital (Das Kapital).
  • MARX, Karl, Engels. Manifiesto del Partido Comunista y otros escritos políticos, Enlace – Grijalbo, 1989, México.

  

VIDEO CLIP “LA FUNCIÓN DE LA FILOSOFÍA SEGÚN MARX”

 

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~ por Editorial Ombligo del Mundo en 19 abril 2010.

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