¿CONVIENE SER CANÍBAL?

(“Canibalismo Otoñal” de Salvador Dalí)

En esta edición 35 del Río de Heráclito tocamos un tema tabú en nuestra civilización… ¿Por qué será? “¿Conviene ser caníbal?” un artículo de divulgación que da pie para preguntarnos sobre nuestro sistema social… Pase y vea, ya sabe “el personal no está en el menú…”

De postre; el trailer de la última película del Investigador y Cineasta Usamericano, Michael Moore… “Capitalismo; una historia de amor”

NOTA DE CABECERA: ¿CONVIENE SER CANIBAL?

Cuando los españoles llegaron a México se asombraron y maravillaron, por supuesto, con las grandes pirámides y la arquitectura de los templos. Pero miraron con horror los sacrificios humanos y las imágenes de esos dioses feroces que necesitaban ser regados con sangre de hombres para que el sol pudiera salir al día siguiente. Lo que más los sorprendió fue que todas las víctimas de esos sacrificios fueran prolijamente comidas, y que ello ocurriera en una escala tan grande que la calificaron de diabólica.

Cien mil cráneos y cultura

Bernal Díaz del Castillo (*) describe una plaza en la que “había pilas de cráneos humanos dispuestos con tanta regularidad que uno podía contarlos, y los calculé en más de cien mil. Vuelvo a repetir que había más de cien mil”. La importancia de estos sacrificios humanos en la cultura azteca era tan grande que tenían pueblos vecinos a los que no habían conquistado para poder hacerles la guerra y así capturar prisioneros y sacrificarlos. El problema es tratar de comprender el rol que los sacrificios humanos jugaron en esa cultura.

Una corriente de pensamiento relativamente difundida explica el canibalismo ritual de los aztecas desde el punto de vista ecológico. Recuerda que se trataba de una zona en la que se habían extinguido los animales de caza y había muy pocos animales domésticos. En una cultura caracterizada por la escasez de carne, el asociar a los sectores dominantes aztecas al canibalismo ritual permitiría entender a éste como una forma de obtener una dosis adicional de proteínas animales.

Después de sacrificar a cada una de las miles de víctimas humanas “todas las partes comestibles se utilizaban de un modo claramente comparable con el consumo de los animales domesticados. Es legítimo describir a los sacerdotes aztecas como asesinos rituales en un sistema patrocinado por el Estado, y destinado a la producción y redistribución de cantidades considerables de proteínas animales en forma de carne humana”.

Canibalismo y política

A diferencia de los dioses aztecas, los máximos dioses del Viejo Mundo declaraban tabú el consumo de carne humana. ¿Por qué sólo en Mesoamérica (América Central) los dioses alentaron el canibalismo? Posiblemente la respuesta deba buscarse tanto en los agotamientos específicos del ecosistema mesoamericano bajo el impacto de siglos de intensa explotación y de crecimiento demográfico, como en los costos y beneficios de utilizar carne humana como fuente de proteínas animales a falta de opciones más baratas.

La pregunta debería plantear hasta qué punto los costos y beneficios del control político experimentaron un cambio favorable a consecuencia de utilizar carne humana para recompensar a grupos selectos en períodos cruciales.

La hipótesis es sugestiva, ya que ayuda a pensar las cosas de otro modo. Por una parte, es posible que asociar a los grupos dominantes al canibalismo ritual haya contribuido a fortalecer el sistema de poder. Pero la pregunta que se puede formular es: ¿se trataba de una forma de unir la clase dominante al hacerlos sentir importantes y poderosos, o era un “mero reparto de comida”, como sugiere un autor? Dado que el argumento apela a lo ecológico, sería interesante pensarlo desde ese punto de vista.

¿Por qué comer seres humanos y no animales?

Si los aztecas concentraban el poder en su zona, ¿cuál era la ventaja de comer a sus congéneres en vez de conquistar a esas personas e imponerles un tributo en animales domésticos? Por ejemplo, podrían haberlos obligado a entregar una cierta cantidad de pavos para alimentar a la élite gobernante azteca. Esto no habría sido novedad para ellos ya que lo estaban haciendo con diversos productos agrícolas en razón de que la altura de Tenochtitlán no permitía obtener productos tropicales (algodón, tabaco, copal**, cacao, frutas, etc.). Justamente, una motivación para sus conquistas fue la obtención de esos recursos vegetales.

Los humanos, malos conversores
Para reflexionar sobre esto, hay que recordar que los seres humanos son los peores conversores energéticos del planeta Tierra. Esto se debe a que los humanos nacen “prematuros” en relación con otros animales. El enorme tamaño de la cabeza (resultado del mayor desarrollo cerebral) provoca el nacimiento temprano, es decir, antes de que el bebé pueda valerse por sí mismo. Pero necesita mucho tiempo para recuperar esos pocos meses que no pasó dentro del útero materno. Por nuestra lentitud de crecimiento, para aumentar de peso necesitamos comer mucho más que otros animales que nacen más formados. ¿Cuánto más? A esta pregunta se puede responder con una estimación numérica:

  • Supóngase que los aztecas obligan a los pueblos vecinos a pagarles un tributo consistente en una cantidad de pavos al año. Para producir estas aves no se necesitan más de 3 o 4 kilos de maíz por cada kilo de pavo adulto, el que se obtiene en unas cuantas semanas.

Y compararla con la alimentación “caníbal”:

  • Un hombre adulto y activo, es decir, un soldado, no come menos de un kilo de maíz por día (lo que equivale a unas 3600 calorías). Si se deja de lado la primera infancia, en veinte años (7300 días) el soldado habrá comido unos 7300 kilos de maíz. Si se supone que tiene un peso aproximado de 70 kilos cuando los aztecas se lo comen a él, esto significa que hay que destinar más de 100 kilos de maíz para producir un solo kilo de aborigen.

En otras palabras, con los mismos insumos se pueden obtener unos 25 o 30 kilos de carne de pavo por cada kilo de carne humana. No hay, por consiguiente, argumentos ecológicos que expliquen el canibalismo azteca, ni el canibalismo en general. Salvo en casos de naufragios, ciudades sitiadas u otras situaciones extremas, nunca hubo motivos alimenticios para comer seres humanos. Luego, hay que buscar razones de índole cultural y político antes que ecológicas y nutricionales.

(*) Soldado y cronista español (1492-¿1581?) que participó en la conquista de México, cuya gesta ha relatado en su “Verdadera Historia de los sucesos de la Conquista de Nueva España”.

(**) Resina que se extrae de diversos árboles de las regiones tropicales, y que sirve para la preparación de barnices y como incienso.

Fuente: El Ambiente en las Sociedades Precolombinas; de A.E. Brailovsky. Prociencia/Conicet/Ministerio de Cultura y Educación de la Nación. Selección y adaptación: Lic. Enrique A. Rabe –Área de Comunicación Social del Ceride-.

CERIDE

Fuente:

http://www.santafe-conicet.gov.ar/servicios/comunica/canibal.htm

Sepa lo que es el capitalismo

Atilio A. Boron

http://www.atilioboron.com/

El capitalismo tiene legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto de su ignorancia y por el hecho de que, como decía Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres. Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades. Hay además otros (“gurúes” financieros, “opinólogos”, “periodistas especializados”, académicos “bienpensantes” y los diversos exponentes del “pensamiento único”) que conocen perfectamente bien los costos sociales que en términos de degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron muy bien, que la “batalla de ideas” a la cual nos ha convocado Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del sistema, y no cejan en su empeño.

Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca del capitalismo y de su capacidad para promover el bienestar general examinemos algunos datos obtenidos de documentos oficiales del sistema de Naciones Unidas. Esto es sumamente didáctico cuando se escucha, máxime en el contexto de la crisis actual, que la solución a los problemas del capitalismo se logra con más capitalismo; o que el G-20, el FMI, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, arrepentidos de sus errores pasados, van a poder resolver los problemas que agobian a la humanidad. Todas estas instituciones son incorregibles e irreformables, y cualquier esperanza de cambio no es nada más que una ilusión. Siguen proponiendo lo mismo, sólo que con un discurso diferente y una estrategia de “relaciones públicas” diseñada para ocultar sus verdaderas intenciones. Quien tenga dudas mire lo que están proponiendo para “solucionar” la crisis en Grecia: ¡las mismas recetas que aplicaron y siguen aplicando en América Latina y África desde los años ochenta!

A continuación, algunos datos (con sus respectivas fuentes) recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la Universidad de Bergen, Noruega. CROP está haciendo un gran esfuerzo para, desde una perspectiva crítica, combatir el discurso oficial sobre la pobreza elaborado desde hace más de treinta años por el Banco Mundial y reproducido incansablemente por los grandes medios de comunicación, autoridades gubernamentales, académicos y “expertos” varios.

Población mundial: 6.800 millones, de los cuales

1.020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)

2.000 millones no tienen acceso a medicamentos (http://www.fic.nih.gov/)

884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)

924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)

1.600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”)

2.500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)

774 millones de adultos son analfabetos (http://www.uis.unesco.org/)

18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS)

218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006)

Entre 1988 y 2002, el 25% más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1,16% al 0,92%, mientras que el opulento 10% más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71,1% de la riqueza mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos.

Sólo ese 6,4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70% de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y 2002 del 10% más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial.

Conclusión: si no se combate la pobreza (¡ni se hable de erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la desigualdad económico-social.

Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de Friedrich Engels, y también de Rosa Luxemburgo: “socialismo o barbarie”, es hoy más actual y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la desintegración de la vida social, la destrucción del medio ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado.


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~ por Editorial Ombligo del Mundo en 25 mayo 2010.

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