“¿LA OBEDIENCIA ES UNA VIRTUD?”

Esta edición 40 del Río de Heráclito se solidariza con los  espíritus libres avasallados con la promulgación de la Ley que Reglamenta la Objeción de Conciencia. “La Historia de una Desidia” por el Pelao Carballo y “Un Gobierno Liberticida y Militarmente Aburrido” de  Andrés Ramírez y Nathalia Ferreira son dos breves ensayos que arrojan luz sobre los antecedentes y las consecuencias de esta nueva reglamentación. En la Libroferia 2010 de Asunción; Paraguay-mientras tanto- se realizará una “Campaña por la promulgación de la Ley de Lenguas” este miércoles 30 de junio.

Es propicio el debate abierto con la reglamentación de la objección de conciencia para revisar el pensamiento de algunos filósofos libertarios razón por la cual publicamos dos clips; “Vivir la Utopía” y “Pensadores Anarquistas” .

De yapa va un fragmento de un ensayo llegado a última hora… de un tal Pedro Kropotkin. Encima escribe largo el viejo…

El Ejecutivo promulgó ley 4013 “De objeción de conciencia”

(fuente: http://www.presidencia.gov.py/v1/?p=27899)

El presidente de la República, Fernando Lugo, promulgó la Ley Nº 4013, “que reglamenta el ejercicio del derecho a la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio, y establece el servicio sustituttivo al mismo, en beneficio de la población civil”.

El mandatario conversa con un soldado de la unidad militar en Viñas Cue
El mandatario conversa con un soldado de la unidad militar en Viñas Cue

De esta manera, con la nueva normativa, los ciudadanos que rechazan el servicio militar obligatorio podrán prestar un servicio civil sustitutivo ya sea en el sector público como privado en beneficio de la población.

La legislación contempla además la creación de un Consejo Nacional (con miembros ad honorem) que bajo la presidencia del Defensor del Pueblo, tendrá la atribución de expedir las constancias.

Estará integrada por el defensor, el presidente de la comisión permanente de Derechos Humanos de Diputados; un representante del Ministerio de Defensa, y de los objetores. Recibirá las declaraciones, comunicará a las Fuerzas Armadas y reglamentará la entrega de las certificaciones. Tienen diez días para expedirse sobre cada pedido.

El solicitante estará exento del cumplimiento del servicio militar obligatorio, a partir de la aceptación de su declaración como válida por la autoridad competente.

De modo que a partir de ese momento, queda obligado a prestar servicio sustitutivo “en beneficio de la población civil en los centros asistenciales designados en esta norma, bajo jurisdicción civil”.

La norma señala que el servicio civil tendrá la duración del servicio militar.

En la exposición de motivos se exigen los datos personales, las razones éticas y religiosas; así como el lugar donde el objetor prefiere prestar el servicio sustitutivo en beneficio de la población civil.

Los que hayan accedido a sus certificados antes de esta promulgación deben optar entre prestar servicio sustitutivo o abonar una contribución equivalente a 5 (cinco) jornales mínimos para actividades diversas no especificadas, cuya forma de pago será reglamentada por el consejo; quienes demuestren insolvencia, serán exonerados.

SICOM/DGIP


LA HISTORIA DE UNA DESIDIA

Por Pelao Carballo

Cuando el senador castiglionista Hugo Estigarribia, presentó su proyecto de ley para reglamentar el artículo constitucional que reconoce el derecho de Objeción de Conciencia, seguro pensó que sería otro intento fallido más en esa tarea que la derecha militarista se había impuesto a si misma: detener el rotundo rechazo a las ffaa que representan las constantes declaraciones de objeción de conciencia presentadas ante el parlamento y las autoridades departamentales por jóvenes hombres, mujeres y (quizás) trans de todo Paraguay.

Con ese horizonte, Estigarribia presentó el más militarista proyecto de ley sobre servicio civil obligatorio que pudo imaginar. Las ideas claves de su propuesta fueron ante todo reprimir y desincentivar las declaraciones de objeción de conciencia.

Para reprimir nada mejor que hacer que todos quienes ya se habían declarado objetores de conciencia pagaran por su osadía. Miles de personas deberán pagar en trabajo forzado o en dinero efectivo el rechazo mostrado al servicio militar.

Para desincentivar no ideó nada mejor que crear un engorroso y burocrático sistema para admitir las declaraciones de objeción de conciencia. Además, para crear confusión y complicaciones a los movimientos y organizaciones sociales, propuso que las mismas organizaciones de objetores y objetoras de conciencia fuesen parte del tinglado calificador de conciencias.

Con esas ideas en sus propuestas llevó al senado el proyecto de ley para construir un servicio civil obligatorio para objetores de conciencia. En el senado encontró el fervoroso apoyo de oviedistas, patriaqueridistas, colorados y… la desidia de liberales quienes no se opusieron al proyecto, pese a que este contaba con falencias legales y de redacción notorias.

El proyecto fue aprobado en todas las comisiones por las que debía pasar obligatoriamente en el senado… o, mejor dicho, el proyecto de ley no fue impugnado en el senado de una manera frontal. Los gobiernistas solo  dejaron en claro que el proyecto era muy malo y que, por otra parte, era un tema menor… cosas más importantes de las cuales preocuparse.

El proyecto de Estigarribia llegó a diputados, oscuramente, como pieza de cambio para solucionar el boicot que la diputada Fabiola Oviedo venía haciendo a las declaraciones de objeción de conciencia que caían en sus manos como presidenta de la comisión de derechos humanos de la cámara de diputados… comisión que se dejó en sus manos porque los gobiernistas pensaron que no era importante, que no sabrían manejarlo, es un tema nuestro.

Y pese al rechazo que la comisión de defensa de diputados hizo del proyecto (alguien lo leyó en, parece), para mayo –como regalo al mundo antimilitarista- el tema estaba, con la desidia de los parlamentarios gobiernistas, en tabla para su aprobación en plenaria.

Y el día de su votación no hubo quórum para su votación…, no es un tema importante, pensaban los diputados gobiernistas. El proyecto de ley obtuvo aprobación del Congreso sólo porque no hubo quien lo discutiera, analizara, se preocupara de cuestionarlo. El gobierno, pese a las advertencias de las organizaciones de objeción de conciencia y derechos humanos, actuó con desidia respecto a este tema, y sus parlamentarios también.

Frente a esto las organizaciones sociales involucradas en el tema redoblaron sus esfuerzos, hablaron con todos quienes pudieran tener algo que ver con el tema para prevenir a Lugo que aprobaría no sólo un proyecto inconstitucional sino una ley represiva, militarista y que hacía retroceder derechos y libertades ganadas.

Pero Lugo no escuchó, o había temas más importantes, o el Mundial de Fútbol o… el asunto es que ni debe haber mirado el documento que le pasaron a firmar… otra firma de rutina más (rutina es una palabra que sale en la declaración de prensa de la presidencia al respecto), algo sin importancia, desidia.

Y ahí estamos: con una absurda, retrógrada, equívoca y represiva ley que llegó a ser promulgada por desidia y oculta concomitancia con el militarismo de parte del gobierno y parlamentarios gobiernistas. Por que de ellos se esperaba algo… los otros son militaristas declarados.

UN GOBIERNO LIBERTICIDA Y ENCIMA, MILITARMENTE ABURRIDO

Cuando acabe este verso que canto
yo no sé, yo no sé, madre mía
si me espera la paz o el espanto;
si el ahora o si el todavía’
.

S. Rodríguez

Por Andrés Ramírez, Natalia Ferreira

Sorpresas siempre trae este San Juan Ára. Algunas este año como todos los años, habrán caído bajo los arcanos de nuestro folclore, como las iniciales de nuestro próximo amor proferidas tras gotas de tinta sibilina en la almohada; otras, como el paso de la albirroja a octavos de final en el mundial de futbol, más próximas a resultados de uno de los pocos asuntos globales a los que la sociedad paraguaya presta atención y deposita en ella esperanzas y consensos colectivos. Pero si de sorpresas y esperanzas se trata, hubo una exhausta de causas y azares(?): la promulgación, de la mano de Fernando Lugo, de una nueva ley liberticida – como la ‘antiterrorista’ o la ‘antisecuestro’ ampliatoria del Código Penal -, la 4.013 ‘que reglamenta la Ley de Objeción de Conciencia y que establece la obligatoriedad del servicio civil sustitutivo en reemplazo del militar’.

Dado que en materia de futurología en el amor, pocas dudas cartesianas podrían sobrevivir a una ciudad que no conoce de idilios de amor soterrados, siquiera bajo la quiromancia; poco debate existencial también podría sumarnos nuestro paso a octavos de finales. El Tata estuvo más que claro, y los resultados han sido en gran medida predecibles, respetables. Pero con relación al Servicio Civil Obligatorio y su promulgación por el Poder Ejecutivo, cercenando las libertades conquistadas en torno a la Objeción de Conciencia frente al Servicio Militar, el hecho nos llama a posicionarnos reflexivamente – porque antes que nada nos hierve la sangre y porque es necesario en la vida gritar aquello que no merece ser callado -, y porque es un deber generacional proseguir esto que comporta involucrase en una lucha y debates iniciados por otrxs hace tiempo en el país y que es necesario revivirlo para confrontar páginas no tan lejanas de nuestra historia, con estas nuevas líneas conjugadas en presente político, por el actual gobierno.

Con esta acción este gobierno aparecería no sólo alejándose cada vez más de las orillas del cambio comprometido a la ciudadanía, sino avanzando en pasos francamente regresivos en materia de derechos y libertades ya conquistadas durante la transición democrática post stronismo. Empero, enmarcando estos proceso particulares en la dinámica de un proceso político mayor, vemos que en realidad el infortunio ciudadano -y nuestras lágrimas de desamor- se ubican en el plano histórico de la restauración del Estado burocrático capitalista de la mano del gobierno de Fernando Lugo; es el surgimiento de una nueva derecha -mutante- capaz de sostener la estructura social paraguaya fundada en la exclusión social y los privilegios de clase; llevando adelante iniciativas políticas que ni los colorados hubieran podido hacer, porque – entre otras razones – todxs les íbamos a saltar a la yugular, frente a la promulgación de leyes antiterroristas y la asesoría de militares colombianos usando un discurso antisubversivo heredado de las dictaduras militares del pasado.

En cuanto a la instalación de nuevo cuño, de este cercenamiento a la Objeción de Conciencia, habría que también situarla en un contexto o mirada retrospectiva para entenderla como parte del proceso de restauración del que hablábamos. Muchas cosas importantes para este país se fueron haciendo desde la caída de la dictadura militar de Stroessner en el ‘89, entre ellas la objeción de conciencia, y en la medida que se hacían, justamente menos cuarteles tenían importancia: piénsese, ¿qué es hoy el Cuartel de la Caballería, ese terror durante décadas de la institucionalidad paraguaya?, más aún, ¿qué es hoy ese muro de ladrillos demencial sin aquel vestigio de hegemonía cuartelera que tuviera a Lino’o como comandante?.

Sin dudas la objeción fue una de esas cosas grandes que hicieron lxs tipxs jóvenes de este país expropiándole a los milicos la libertad que se les había robado en los cuarteles junto al pelo largo que la cana les había tijereado en las calles durante décadas. Un sapukai de rock’n’roll libertario conmovió la estructura de dominación de la vieja oligarquía de este país en aquel entonces, y eso se lo tuvieron que atragantar por muchos años los gorilas. Intentaron ciertamente mil veces recomponer esta figura feudal de reclutamiento de tropa y domesticación de rebeldías durante la transición, pero la ciudadanía democrática había instalado sus libertades frente a los milicos, como algo importante, no sólo para el tipo que prefiere laburar antes que irse a chupar un descuereo que capaz lo mata bajo las botas locas de un ‘born to kill’, como sucedió con el caso de los niños soldados muertos bajo el servicio militar, o para la tipa que objeta que exista una institución que persigue y castiga a los varones -y a toda la sociedad con ellos-; sino también para la gente que había vivido bajo la dictadura y sabía, conocía, lo que representa esta imposición servil que es el Servicio Militar Obligatorio. Lamentablemente, parte de esa ciudadanía democrática fue llamada hoy a ser gobierno y muchas de las banderas que levantaron en su momento hoy las están arriando por, presuntamente, ganar gobernabilidad. El hecho es que esta gobernabilidad que hoy dizque está ganando Lugo, es directamente proporcional a las libertades conquistadas por la gente que hoy se están viendo clausuradas, cuando precisamente, muchos en este país habíamos augurado que el rumbo sería otro: que se haría algo por este país, construyendo sueños, no proscribiéndolos de nuevo.

Por ello, al no vetar la reglamentación de la objeción, Lugo le devolvió a los milicos la presa que habían perdido, cierto, pero lo que es peor aún, promulgó por decreto el carácter liberticida de su discurso del cambio y con esto, parafraseando como al inicio a Silvio Rodríguez, como mandatario nos confirma que a este gobierno, el de la alternancia, ‘las causas lo fueron cercando cotidianas, invisibles. Y el azar se le fue enredando poderoso, invencible’.

CLIP EDUCACIÓN PARA LA ANARQUÍA


CAMPAÑA POR LA PROMULGACIÓN DE LA LEY DE LENGUAS

EN LA LIBROFERIA ASUNCIÓN 2010

TAIPYTUHË HA TAIMBARETE ÑANE ÑE’ËNGUÉRA


La Campaña por la Promulgación de la Ley de Lenguas lanzada por la Dirección de Promoción de las Lenguas de la Secretaría Nacional de Cultura, la Comisión Nacional de Bilingüismo, el Ministerio de Educación y Cultura, el Ateneo de Lengua Guaraní y la Fundación Yvy Marae’y estará presente en la Libroferia Asunción 2010 que se inicia el 24 de junio en el shopping Mariscal López.

La Campaña, lanzada hace aproximadamente un mes a través de diversos medios, presentará un panel sobre la Ley de Lenguas el día 1 de julio a las 19:00 en la sala Profesor Dr. Alfredo Viola de la Libroferia. Participarán como panelistas el senador Enrique González Quintana, el empresario y publicista Ernesto García, el comunicador Oscar Acosta y un representante de la Secretaría Nacional de Turismo que se anunciará en los próximos días, actuando como moderador Mario Rubén Álvarez. Luego de las exposiciones de estos panelistas, se abrirá un debate entre los asistentes.

Asimismo,  personas de la organización de esta Campaña, distribuirán materiales informativos en el marco de la feria e invitarán a las personas que deseen adherirse, a inscribir sus nombres en las carpetas respectivas.

La Campaña por la Promulgación de la Ley de Lenguas fue lanzada con la intención de promover y reclamar el tratamiento del anteproyecto respectivo que se halla en el Parlamento desde hace aproximadamente dos años. Durante el 2009, este anteproyecto mereció tratamiento de código, así como el dictamen favorable de la Comisión de Cultura, Educación y Deportes, quedando pendiente su estudio en plenaria hasta el presente. Ante la postura negativa detectada en algunos sectores del Parlamento, las instituciones comprometidas con el proceso lingüístico paraguayo consideraron necesario lanzar esta Campaña, que comprenderá diversas acciones tendientes a concienciar a la ciudadanía sobre la importancia de la Ley de Lenguas.

PRESTIGIOSAS FIGURAS ADHIEREN A LA CAMPAÑA

La primera acción emprendida ha sido la recolección de firmas y adhesiones por internet que se halla en marcha y que va obteniendo una favorable respuesta dentro y fuera del país. Se puede destacar la adhesión a la Campaña de investigadores y académicos de gran prestigio internacional como Wolf Lustig, Director de Estudios de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia,  Alemania; Tracy Lewis, poeta e investigador del Depto. de Lenguas y Literaturas Modernas, Universidad Estatal de New York, Oswego, NY, USA; Iolanda Galanes, Profesora de la Universidad de Vigo, Galicia, España; Capucine Boidin, profesora de antropología en Paris III Sorbonne Nouvelle-IHEAL y de guarani en el INALCO, París, Francia; y Fátima Rodríguez, poeta y docente gallega, de la Universidad de Bretaña Occidental, Francia. Entre las adhesiones procedentes de la región se cuentan las de Emilio José Chuaire, Programa de Educación Intercultural Plurilingüe, Ministerio de Educación del Chaco, Argentina; Alberto Moby Ribeiro da Silva, Doctor en Historia Social, Brasil; Lilibeth Zambrano, docente e investigadora, Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de los  Andes, Mérida/Venezuela; Virginia López Aguirre, museóloga, especialista en Conservación de Bienes Culturales, Buenos Aires, Argentina; la Organización OSCIP GUARANY de los Avá Guaraní del MERCOSUR, Brasil; y Nicolás Patrón, representante de la SADE en Resistencia, Chaco, Argentina, dentro de una lista que sigue sumando nombres.

PRESENTAN TRABAJOS EN EL ARCHIVO NACIONAL

El Archivo Nacional de Asunción (A.N.A.) presentará este miércoles 30 de Junio a las 11:00 Hs. un nuevo Catálogo, una Colección donada a la Institución y varios trabajos de transcripción realizados por estudiantes de la Universidad Nacional de Asunción.

El acto, que se realizará en el local del Archivo Nacional de Asunción (Mariscal Estigarribia e/ Iturbe) comenzará con la presentación del Catalogo de licencias, peticiones, solicitudes y dispensas matrimoniales, elaborado por los funcionarios María Gilda Laguardia de Llamosas y Vicente Arrúa, con apoyo de la totalidad del personal técnico de la institución.

Posteriormente se hará entrega oficial al Archivo de la Colección José W. Colnago Valdovinos, un conjunto de escritos, trabajos de investigación y fichas de documentación pertenecientes al fallecido genealogista, entregados por su familia al Director General de Archivos, Bibliotecas y Museos, Calos Colombino, quien la donó a su vez al Archivo Nacional. Este material fue ordenado, procesado e indexado por el personal técnico del Archivo para permitir su fácil consulta por parte de los investigadores, y ha sido también parcialmente digitalizado.

Finalmente, alumnos del tercer año de Licenciatura de la Universidad Nacional de Asunción harán entrega al ANA de los trabajos de transcripción del siglo XVIII realizados para la cátedra Historia Americana Epoca Colonial, a cargo de la profesora Dra. María Graciela Monte de López Moreira y la asistente de cátedra Lic. Luz María Barrios.

Estas transcripciones permitirán minimizar la manipulación de la documentación  original y facilitarán la consulta y difusión de su contenido.

CLIP VIVIR LA UTOPÍA


LA MORAL ANARQUISTA

Pedro Kropotkin

I

La historia del pensamiento humano recuerda las oscilaciones del péndulo, las cuales hace ya siglos que perduran. Después de un largo período de sueño, viene el despertar; y entonces se liberta de las cadenas con las que todos los interesados -gobernantes, magistrados, clérigos- le habían cuidadosamente amarrado. Las rompe. Somete a severa crítica todo cuanto se le había enseñado; y pone al desnudo la vanidad de los prejuicios religiosos, políticos, legales y sociales en cuyo seno había vegetado. En aras de su espíritu de investigación se lanza por caminos desconocidos, enriquece nuestro saber con descubrimientos imprevistos: crea nuevas ciencias.

Pero el enemigo inveterado del pensamiento -el gobernante, el curial, el religioso- se rehace enseguida de la derrota. Reúne poco a poco sus diseminadas fuerzas, modifica su fe y sus códigos, adaptándolos a nuevas necesidades; y, valiéndose de ese servilismo de carácter y de pensamiento que él ha tenido buen cuidado en cultivar, aprovecha la desorganización momentánea de la sociedad, explotando la necesidad de reposo de éstos, la sed de riquezas de aquellos, los desengaños de los otros -sobre todo los desengaños-, comienzan de nuevo y con calma su obra, apoderándose desde luego de la infancia, por la educación.

El espíritu del niño es débil, y fácil, por lo tanto, el someterle por terror: a esto apelan. Le intimidan, y le pintan los tormentos del infierno, le hacen ver los sufrimientos de las almas en pena, la venganza de un Dios implacable; más tarde le hablarán de los horrores de la Revolución, explotarán cualquier exceso de los revolucionarios para hacer del niño «un amigo del orden». El religioso le habituará a la idea de ley para mejor hacerle obedecer lo que él llama la ley divina: el abogado le hablará también de la ley divina, para mejor someterle a los textos del código. Y el pensamiento de la generación siguiente tomará ese tinte religioso, ese tinte autoritario y servil a la par -autoridad y servilismo van siempre cogidos de la mano-, ese hábito de sumisión que demasiado se manifiesta entre nuestros contemporáneos.

Durante estos períodos de adormecimiento, raramente se discurre sobre cuestiones de moral. Las prácticas religiosas, la hipocresía judicial, les entretiene. No discuten; se dejan llevar por la costumbre, por la indiferencia. No se apasionan en pro ni en contra de la moral establecida; hacen lo que pueden para acomodar exteriormente sus actos a lo que dicen profesar; y el nivel moral de la sociedad desciende cada vez más. Se llega a la moral de los romanos de la decadencia, del antiguo régimen, del fin del régimen burgués.

Todo lo que había de bueno, de grande, de generoso, de independiente en el hombre, se enmohece poco a poco, se oxida como un cuchillo sin uso. La mentira se convierte en virtud, el aplanamiento, en deber.

Enriquecerse, gozar del momento, agotar su inteligencia, su ardor, su energía, no importa cómo, llega a ser el desiderátum de las clases acomodadas, así como también el de la multitud miserable, cuyo ideal es el de parecer burgués. Entonces la depravación de los gobernantes -del juez y de las clases más o menos acomodadas- se hace tan repulsiva, que la otra oscilación del péndulo se descompone.

La juventud se emancipa poco a poco, arroja los prejuicios por la borda, la crítica vuelve. El pensamiento despierta desde luego en algunos; pero insensiblemente el despertar gana la mayoría; dado el impulso, la revolución surge.

Y a cada momento la cuestión de la moral se pone sobre el tapete. ¿Por qué seguiré yo los principios de esta moral hipócrita? -se pregunta el cerebro emancipado del terror religioso-. ¿Por qué determinada moral ha de ser obligatoria?

Uno intenta entonces darse cuenta de ese sentimiento que le asalta a cada paso sin habérselo todavía explicado; y no lo entenderá en tanto lo crea un privilegio de la naturaleza humana, en tanto no descienda hasta los animales, las plantas, las razas, para comprenderle, Sin embargo, procura explicárselo según la ciencia del día.

Y -¿es preciso decirlo?- cuanto más se minan las bases de la moral establecida, o mejor, de la hipocresía que la sostiene, más el nivel moral se eleva en la sociedad. Sobre todo en esta época, precisamente cuando se la critica y se la niega, el sentimiento moral hace más rápidos progresos; crece, se eleva, se purifica.

Se ha visto en el siglo XVIII. Desde 1723. Mandeville, el autor anónimo que escandalizó a Inglaterra con su Fábula de las abejas y los comentarios que añadiera, atacó de frente la hipocresía de la sociedad disfrazada con el nombre de moral. Manifestaba cómo las costumbres sedicentes morales no son más que una máscara hipócrita; cómo las pasiones que se las cree dominar con el código de la moral vigente toman, por el contrario, una dirección tanto más perniciosa cuanto mayores son las restricciones de este mismo código. Cual Fourier lo hizo más tarde, pedía libertad para las pasiones, sin que por ello degeneren en vicio; y pagando en esto un tributo a la falta de conocimientos zoológicos de su tiempo, es decir, olvidando la moral de los animales, explicaba el origen de las ideas morales de la humanidad, por la adulación interesada de los curas y de las clases directoras.

Conócese la crítica vigorosa de las ideas morales hecha después por los filósofos escoceses y los enciclopedistas; conócese a los anarquistas de 1793, y se sabe entre quiénes se encuentra el más alto desarrollo del sentimiento moral, entre los legisladores, los patriotas, los jacobinos, que cantaban el deber y la sanción moral por el Ser supremo, o entre los atentos hebertistas, que negaban, como lo ha hecho recientemente Guyau, el deber impuesto y la sanción moral.

-«¿Por qué seré moral?» He aquí la pregunta que se hacían los racionalistas del siglo XII, los filósofos del siglo XVI, los filósofos y los revolucionarios del siglo XVIII. Más adelante esta pregunta se repitió de nuevo entre los preutilitarios ingleses (Bentham y Mill), entre los materialistas alemanes. Como Büchner, entre los nihilistas rusos de los años 1860 a 1870, entre el joven fundador de la ética anarquista (La ciencia de la moral de las sociedades) -Guyau, muerto, por desgracia, demasiado pronto, y entre los jóvenes anarquistas franceses, hoy.

En efecto, ¿por qué?

Hace treinta años esta misma cuestión apasionó a la juventud rusa.

-«Yo seré inmoral», acababa de decir un joven nihilista a un su amigo, traduciendo a la ligera los pensamientos que le atormentaban.

-«Será inmoral, ¿por qué no lo seré?»

-¿Porque la Biblia no lo quiere? Pero la Biblia no es más que una colección de tradiciones babilónicas y judaicas, tradiciones coleccionadas, como lo fueron los cantos de Homero o las leyendas mongolas. ¿Debo, pues, volver al estado de ánimo de los pueblos semibárbaros del Oriente?

»¿Lo seré porque Kant me habla de un imperativo categórico, de una orden misteriosa que sale del fondo de mí mismo y me ordena ser moral? Pero ¿por qué ese «imperativo categórico» ha de tener más derecho sobre mis actos que ese otro imperativo que de vez en cuando me incita a la embriaguez? ¡Palabras, nada más que palabras, como la de Providencia o Destino, inventada para cubrir nuestra ignorancia!

»¿O bien seré moral, para agradar a Bentham, quien me quiere hacer creer que seré más feliz si me ahogo por salvar a un transeúnte caído en el río, que si le miro ahogarse?

»¿O bien quizá, porque tal es mi educación? ¿Porque mi madre me ha enseñado la moral? Pero entonces ¿deberé arrodillarme ante la pintura de un cristo, o de una madona, respetar al rey o al emperador, inclinarme ante el juez que sé es un canalla, únicamente porque mi madre, nuestras madres.-muy buenas, pero ignorantes- nos han enseñado un montón de tonterías?

»Prejuicios, como todo lo demás; trabajaré para desembarazarme de ellos. Si me repugna ser inmoral, me esforzaré por serlo como de adolescente me esforzaba para no temer la oscuridad, el cementerio, los fantasmas y los muertos, con los cuales me habían amedrentado. Lo haré para romper un arma explotada por las religiones; lo haré, en fin, para protestar contra la hipocresía que pretenden imponerme en nombre de una palabra a la cual se ha denominado moralidad.»

Tal era el razonamiento que la juventud rusa se hacía en el momento de romper con los prejuicios del viejo mundo y enarbolar la bandera del nihilismo o, mejor, de la filosofía anarquista: «No inclinarse ante ninguna autoridad por respetada que sea; no aceptar ningún principio en tanto no sea establecido por la razón».

¿Será preciso añadir que la juventud nihilista, después de arrojar al cesto la enseñanza moral de sus padres, quemando todos los sistemas que de ella tratan, ha desarrollado en su seno un cúmulo de costumbres morales infinitamente superiores a todo lo que sus padres habían nunca practicado, bajo la tutela del Evangelio, de la conciencia, del imperativo categórico o del interés bien comprendido de los utilitarios?

Pero antes de responder a la pregunta: «¿Por qué, seré moral?», veamos primero si la tal cuestión está bien planteada: analicemos las causas de los actos humanos.

II

Cuando nuestros abuelos quisieron darse cuenta de lo que impulsa al hombre a obrar de un modo mejor que otro lo consiguieron de manera muy sencilla. Pueden verse todavía las imágenes católicas que representan su explicación. Un hombre marcha a través de los campos con decisión, sin asomo de duda; lleva un ángel en el hombro derecho y otro en el izquierda. El diablo le empuja a hacer el mal, el ángel trata de contenerle; y si el ángel ha vencido, el hombre es virtuoso; otros tres ángeles se apoderan de él y lo transportan al cielo. Todo se explica así a maravilla.

Nuestras viejas ayas, bien instruidas sobre este particular, nos dirán que es preciso no meter a un niño en la cama sin desabotonarle el cuello de la camisa. Hay que dejar abierto en la base del cuello un lugar bien caliente donde el ángel guardián pueda cobijarse. Sin esta precaución el diablo atormentaría al niño hasta en el sueño.

Estas sencillas ideas van desapareciendo; pero si las anacrónicas palabras se borran, la esencia es siempre la misma. Las gentes instruidas no creen ya en el diablo, pero sus ideas no son más racionales que las de nuestras ayas; disfrazan a aquél bajo una palabrería escolástica honrada con el nombre de la filosofía. En lugar del diablo dirán ahora la carne, las pasiones; el ángel será reemplazado con las palabras conciencia o alma-reflejo del pensamiento de un Dios creador-, o del gran arquitecto, como dicen los francmasones. Pero los actos del hombre son siempre considerados como resultantes de la lucha librada entre dos elementos hostiles; y el hombre es tenido por tanto más virtuoso cuanto que uno de estos dos elementos -el alma o la conciencia- haya conseguido mayor victoria sobre el otro -la carne o las pasiones.

Fácilmente se comprende la admiración de nuestros abuelos cuando los filósofos ingleses, y más tarde los enciclopedistas, vinieron a afirmar, en contra de sus primitivas concepciones, que el diablo o el ángel no tienen nada que ver en los actos humanos, sino que todos ellos, buenos o malos, útiles o nocivos, derivan de un solo impulso: la consecución del placer.

Toda la turbamulta religiosa, y sobre todo, la numerosa tribu de los fariseos, clamaron contra la inmoralidad. Se llenó de invectivas a los pensadores, se les excomulgó. Y cuando, en el transcurso de nuestro siglo, las mismas ideas fueron expresadas por Bentham, John Stuart Mill, Tchernykeaky y tantos otros, y que estos pensadores vinieron a afirmar y a probar que el egoísmo o la consecución del placer es el verdadero impulso de todos nuestros actos, las maldiciones se redoblaron: hízose contra sus libros la conspiración del silencio, tratando de ignorantes a sus autores.

Y, sin embargo, ¿qué más verdadero que esa afirmación?

Ved un hombre que arrebata el último bocado de pan al niño. Todos están acordes en decir que es un tremendo egoísta, que está exclusivamente guiado por el amor a sí mismo.

Pero mirad otro hombre considerado como virtuoso: parte su último bocado de pan con el que tiene hambre, se despoja de su ropa para darla al que tiene frío; y los moralistas, hablando siempre la jerga religiosa, se apresuran a decir que ese hombre lleva el amor del prójimo hasta la abnegación, que obedece a una pasión opuesta en todo a la del egoísta.

Mas, si reflexionamos un poco, presto descubriremos que, por diferentes que sean las dos acciones en sus resultados para la humanidad, el móvil ha sido siempre el mismo: la consecución del placer.

Si el hombre que da la única camisa que posee no encontraba en ello un placer, no la daría. Si lo hallara en quitar el pan al niño, quitaríalo. Pero esto le repugna; y encontrando mayor satisfacción en dar su pan, lo da.

Si no hubiera inconveniente en crear la confusión, empleando palabras que tienen una significación establecida, para darles nuevo sentido, diríamos que uno y otro obran a impulsos de su egoísmo. Algunos lo han dicho abiertamente a fin de hacer resaltar mejor el pensamiento, precisar la idea, presentándola bajo una forma que hiera la imaginación, destruyendo a la vez la leyenda de que dos actos tienen dos impulsos diferentes. Tienen el mismo fin: buscar el placer o esquivar el dolor, que viene a ser lo mismo.

Tomad al más depravado de los malvados, Thiers, que asesina a más de treinta y cinco mil parisienses; al criminal que degüella a toda una familia para enfangarse en el vicio. Lo hacen porque en aquel momento el deseo de gloria, o el ansía del dinero, ahogan en ellos todos los demás sentimientos: la piedad, la compasión misma, se hallan extinguidas en aquel instante por ese otro deseo, esa otra ansiedad. Obran casi automáticamente para satisfacer una necesidad de su naturaleza.

O bien, dejando a un lado las grandes pasiones, tomad el hombre ruin que engaña a los amigos, que miente a cada paso, ya por sustraer a alguno el importe de un bock, ya por vanagloria, ora por astucia; al burgués que roba céntimo a céntimo a los obreros para comprar un aderezo a su mujer o a su querida, a cualquier picaruelo; aun ese mismo no hace más que obedecer a sus inclinaciones: busca la satisfacción de una necesidad, trata de evitar lo que para él sería una molestia.

Casi nos avergonzamos de tener que comparar ese granujilla con cualquiera de los que sacrifican su existencia por la liberación de los oprimidos y sube al cadalso, como un nihilista ruso.

Tal diferencia hay en los resultados de esas dos existencias para la humanidad, que nos sentimos atraídos por la una y rechazados por la otra.

Y, no obstante, si hablarais a ese mártir, a la mujer que va a ser ahorcada, en el momento mismo, en que sube al cadalso, os diría que no trocara su vida de bestia acosada por los perros del Zar, ni su trágica muerte, por la vida del pícaro que vive de los céntimos robados a los trabajadores.

En su existencia, en la lucha contra los monstruos poderosos, encuentra sus mayores goces. Todo lo demás, a excepción de esta lucha, los pequeños goces del burgués y sus pequeñas miserias, ¡le parecen tan mezquinas, tan fastidiosas, tan tristes! -¡Vosotros no vivís, vegetáis! respondería ella-; pero yo he vivido!

Hablamos evidentemente de los actos razonados, conscientes del hombre, reservándonos hablar más adelante de esa inmensa serie de actos inconscientes, casi maquinales, que llenan la mayor parte de nuestra vida. Ahora bien, en sus actos razonados o conscientes el hombre busca aquello que le agrada.

Tal se embriaga y embrutece porque busca en el vino la excitación nerviosa que no encuentra en su organismo; tal otro no se emborracha porque halla una gran satisfacción dejando el vino y gozando en conservar la frescura de su inteligencia y la plenitud de sus fuerzas, a fin de poder saborear otros placeres que prefiere a los del vino. Pero ¿qué hacer sino obrar como el gourmet que después de haber leído el menú de una comida renuncia a un plato de su gusto para hartarse, sin embargo, de otro más preferido?

Cualesquiera que sean sus actos, el hombre busca siempre un placer o evita un dolor.

Cuando una mujer se priva del último bocado de pan para dárselo al primero que llega, cuando se quita el último harapo para cubrir a otra que tiene frío, y ella misma tirita sobre el puente del navío, lo hace porque sufriría infinitamente -más de ver a un hombre hambriento o una mujer con frío que tiritar ella misma o sufrir el hambre. Evita una pena cuya intensidad sólo conocen los que la han sufrido.

Cuando aquel australiano citado por Guyau se desesperaba con la idea de no haber vengado aún la muerte de su pariente; cuando se hallaba roído por la conciencia de su cobardía, no recobrando la salud hasta después de haber realizado su venganza, hizo un acto tal vez heroico para desembarazarse del sufrimiento que le asediaba, para reconquistar la paz interior, que es el supremo placer.

Cuando una banda de monos ha visto caer a uno de los suyos herido por la bala del cazador, sitian su tienda para reclamar el cadáver, a pesar de las amenazas de ser fusilados; cuando, por fin, el jefe de la banda entra con decisión, amenazando primero al cazador, suplicando después y obligándole, por fin, con sus lamentos a devolverle el cadáver, que la banda lleva gimiendo al bosque, los monos obedecen al sentimiento de condolencia, más fuerte en ellos que todas las consideraciones de seguridad personal, Este sentimiento ahoga todos los otros. La vida pierde para ellos sus atractivos, en tanto no se aseguren de la imposibilidad de volver de nuevo a su camarada la existencia. Tal sentimiento llega a ser tan opresivo, que los pobres animales lo arriesgan todo por desembarazarse de él.

Cuando las hormigas se arrojan por millares en las llamas de un hormiguero, que esta bestia feroz, el hombre, ha incendiado, y perecen por centrarse por salvar sus larvas, obedecen también a una necesidad, la de conservar su prole. Lo arriesgan todo por tener el placer de llevarse sus larvas, que han cuidado con más cariño que muchos burgueses cuidan de sus hijos.

En fin, cuando un infusorio esquiva un rayo demasiado fuerte del sol y va a buscar otro menos ardiente, o cuando una planta vuelve sus flores al sol o cierra sus hojas al acercarse la noche, ambos obedecen también a la necesidad de evitar un dolor o de buscar el placer; igual que la hormiga, el mono, el australiano, el mártir cristiano o el mártir anarquista.

Buscar el placer, evitar el dolor, es el hecho general (otros dirían la ley) del mundo orgánico: es la esencia de la vida.

Sin este afán por lo agradable, la existencia sería imposible. Se disgregaría el organismo, la vida cesaría.

Así, pues, cualquiera que sea la acción del hombre, cualquiera que sea su línea de conducta, obra siempre obedeciendo a una necesidad de su naturaleza.

El acto más repugnante, como el más indiferente, o el más atractivo, son todos igualmente dictados por una necesidad del individuo. Obrando de una u de otra manera el individuo lo hace porque en ello encuentra un placer, porque se evita de este modo o cree evitarse una molestia.

He aquí un hecho perfectamente determinado, la esencia de lo que se ha llamado la teoría del egoísmo.

Ahora bien, ¿hemos adelantado algo más, después de haber llegado a esta conclusión general?

-Sí, ciertamente. Hemos conquistado una verdad y destruido un prejuicio, que es la raíz de todos los prejuicios. Toda la filosofía materialista en su relación con el hombre se halla en esta conclusión. ¿Pero se sigue de esto que todos los actos del individuo son indiferentes, como así han querido sostenerlo?

Veámoslo.

III

Hemos visto que las acciones del hombre, razonadas o conscientes -más adelante hablaremos de los hábitos inconscientes-, tienen todas el mismo origen. Los llamados virtuosos y los que se denominan viciosos, las grandes adhesiones como las pequeñas socaliñas, los actos elevados como los repulsivos, derivan de la misma fuente. Hechos son todos que responden a naturales necesidades del individuo.

Tienen por objeto buscar el placer, el deseo de huir del dolor.

Lo hemos manifestado en el capítulo precedente, que no es sino un resumen muy sucinto de multitud de hechos que podrían ser citados en su apoyo.

Compréndese que esta explicación repugne a quienes están todavía imbuidos por los principios religiosos, porque no deja espacio para lo sobrenatural y desecha la idea de la inmortalidad del alma. Si el hombre no obra más que obedeciendo a una necesidad natural, si no es, por así decirlo, más que un «autómata consciente», ¿qué será el alma inmortal, qué será la inmortalidad, último refugio de los que han conocido poco el placer y demasiado el dolor, y que sueñan con hallar la compensación en el otro mundo?

Se comprende que, fuertes en los prejuicios, poco confiados en la ciencia que les ha engañado a menudo, guiados por el sentimiento más que por la razón, rechacen una verdad que les quita su única esperanza.

Pero ¿qué decir de esos revolucionarios que desde el siglo XVIII hasta nuestros días, siempre que oyen por primera vez la primera explicación natural de los actos humanos (la teoría del egoísmo si se quiere) se apresuran a sacar la misma conclusión que la juventud nihilista de quienes hablamos al principio, los cuales tienen prisa por gritar: «¡Abajo la moral!»?

¿Qué decir de los que, persuadidos de que el hombre no obra sino para responder a necesidades orgánicas, se apresuran a afirmar que todos los actos son indiferentes; que no hay bien ni mal; que salvar a un hombre que se ahoga, o ahogarle para apoderarse de su reloj, son dos casos equivalentes; que el mártir muriendo sobre el cadalso por haber trabajado en emancipar a la humanidad, y el pícaro robando a sus compañeros se equivalen, puesto que los dos intentan procurarse un placer?

Si añadieran siquiera que no debe haber olor bueno ni malo, perfume en la rosa, hedor en la asafétida, porque uno y otro no son más que vibraciones de las moléculas; que no hay gusto bueno ni malo, porque la amargura de la quinina y la dulzura de la guayaba no son tampoco sino vibraciones moleculares; que no hay hermosura ni fealdad físicas, inteligencia ni imbecilidad, porque belleza y fealdad, inteligencia o imbecilidad no son tampoco más que resultados de vibraciones químicas y físicas que se operan en las células del organismo, si agregaran eso podría aún decirse que chochean, pero que tienen por lo menos la lógica del necio.

Mas como no lo dicen, ¿qué consecuencia podemos sacar de ello?

Nuestra respuesta es sencilla. Mandeville, en 1723, en la Fábula de las abejas; el nihilista ruso de los años 1860-70; tal cual anarquista parisiense de nuestros días, razonan así porque, sin creerlo, se hallan aún imbuidos por los prejuicios de su educación cristiana. Por ateos, por materialistas o por anarquistas que se digan, razonan exactamente como razonaban los padres de la Iglesia o los fundadores del budismo.

Los ancianos nos dicen, en efecto: «El acto será bueno si representa una victoria del alma sobre la carne; será malo si es la carne quien ha dominado al alma; será indiferente si no ha habido vencedor ni vencido: no hay otra regla para juzgar de la bondad del hecho.»

Los padres de la Iglesia decían: «Ved las bestias, no tienen alma inmortal, sus actos están simplemente condicionados para responder a una de las necesidades de la naturaleza: he ahí por que no puede haber entre los animales actos buenos y malos, todos son indiferentes; por lo tanto, no habrá para los animales ni paraíso ni infierno, ni recompensa ni castigo». Y nuestros jóvenes amigos toman el dicho de San Agustín y de San Shakyamuni y dicen: «El hombre no es más que una bestia; estos actos están sencillamente condicionados para responder a una necesidad de su organismo; por lo tanto, no puede haber para el hombre actos buenos ni malos; todos son indiferentes.»

¡Siempre la maldita idea de pena y de castigo sale al paso de la razón: siempre esa absurda herencia de la enseñanza religiosa profiriendo que el acto es bueno si viene de una inspiración sobrenatural e indiferente si el tal origen le falta; y siempre, aun entre los que más se ríen de ello, la idea del ángel sobre el hombro derecho y del diablo sobre el izquierdo!

«Suprimid el diablo y el ángel y no sabré deciros ya si tal acto es bueno o malo, pues no conozco otra razón para juzgarle.» Mientras exista el cura, existirán el demonio y el ángel, todo el barniz materialista no bastará para ocultarlo.

Y, lo que es peor aún, mientras exista el juez, existirán sus penas de azotes a unos, y sus recompensas cívicas a otros, y los mismos principios de la anarquía no bastarán para desarraigar la idea de castigo y recompensa.

Pues bien; nosotros, que no queremos juez, decimos simplemente: «¿El asafétida hiede, la serpiente me muerde, el embustero me engaña? La planta, el reptil y el hombre, los tres, obedecen a una razón natural. Sea.

»Ahora bien; yo obedezco también a una necesidad propia, odiando la planta que hiede, el animal que mata con su veneno, y el hombre, que es aún más venenoso que la serpiente. Y obraré en consecuencia sin dirigirme por eso ni al diablo, que además no conozco, ni al juez, que detesto más aún que a la serpiente. Yo, y todos los que comparten mis simpatías, obedecemos también a una condición de nuestro propio temperamento. Veremos cuál de los dos tienen en ello la razón y, por ende, la fuerza.»

Esto es lo que vamos a estudiar; y, por lo mismo, observaremos que si los San Agustín no tenían otra base para distinguir entre el bien y el mal, los animales tienen otra mucho más eficaz. El mundo animal en general, desde el insecto hasta el hombre, sabe perfectamente lo que es bueno y lo que es malo sin consultar para ello la Biblia ni la filosofía. Y si esto es así, la causa está también en las necesidades de su organismo, en la conservación de la raza, y, por lo tanto, en la mayor suma posible de felicidad para cada individuo.

continúa en:  http://www.marxists.org/espanol/kropotkin/moral2.htm

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~ por Editorial Ombligo del Mundo en 27 junio 2010.

Una respuesta to ““¿LA OBEDIENCIA ES UNA VIRTUD?””

  1. que buena iniciativa!!!! la de compilar los escritos !!deberíamos escribir mas mas masssssss!!!!se van juntando las legislaciones represivas….

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