Yacarés urbanos

En esta Edición 71 del Río de Heráclito seguimos en la senda literaria mientras esperamos que pase algo bueno en el mundo, reciclamos un antiguo trabajo del escritor y crítico literario Cristino Bogado de nombre “Yacarés urbanos- 1 Conjunto de (cuentos) de yakarés”,  trabajo en clave hermenéutica sobre la antología de  cuentos: “Anales Urbanos” de la Editorial Arandurâ, que en el 2007  reuniera a un grupo de escritores vinculados con el desaparecido semanario cultural “El Yakaré”. Para cerrar; clip de un perfomance poético de los escritores Edgar Poe, Galundia y Chinoy en uno de los comedores del  Mercado 4.

¡Qué much@s y divers@s escritor@s jóvenes tenés Paraguay!

 Yacarés Urbanos

1 conjunto de (cuentos) de Yakarés

Fuente: Kü rupí (Paraguay ñe’e)

De los 13 autores 8 adscriben públicamente El Yakaré y sabemos que por lo menos 2 más han colaborado o aun siguen colaborando con el semanario informativo. Ever Román y Diana Viveros son los más jóvenes (26 años) y Arístides Ortiz (39) el de más edad. Mónica Kreiböhm y Carlos Morales son argentinos. Tres chicas y 10 machos. La más premiada, la más joven (Diana). Miguel Méndez es el de más abultado CV, 4 libros y 4 antologías + un CD recopilatorio en su haber. Uno solo se ha extendido de la narrativa breve a la novela (Julio Benegas). Charles da Ponte es artista plástico y Gustavo Torres Grossling (músico headbanger). El oficio preferido de los autores oscila entre periodismo (4) y diseño gráfico (2). Carlos Bazzano, Patricia Duarte y Ortiz tematizan el suicidio. Bazzano a través del fuego purificador, Ortiz hundiéndose en las llamas del sol crepuscular más allá del agua de la Bahía; Duarte, el salto al vacío. El suicidio y la separación amorosa son los motivos reiterados en más de un cuento. Benegas y Kreiböhm reescriben (aprentemente) dos crónicas policiales que dieron que hablar en su momento, reescritura no de lo real sino de esa primera escritura (o recorte ideológico de la realité) periodística, amarillenta, sensacionalista. Trabajan como los eruditos con manuscritos no con la realidad. La Viveros rescata un bello piropo “Anoche soñé que estaba con vos. ¿A qué número juego?” (15, la niña bonita, es la respuesta del quinielero consuetudinario).

Arístides Ortiz

Sexo explícito casi no aparece. Sade, Apollinaire, Bataille, Borroughs, Pynchon y Jellineck no son guiñados por nuestros jóvenes. Timidez, acaso. Las más osadas, como era de esperarse, son las chicas. Encontramos descripción de genitales en Kreiböhm y en Duarte. Obsesión por lo senos en esta última. Pero el cuerpo es objeto de atracción para diferentes modalidades: por ejemplo, la transformación en Juan Heilborn (como en La liebre de Aira, pero con poco humor) y el travestismo urbano (pos-rural) en Román; el ultraje discriminatorio, sádico en la Kreiböhm y su diseminación hi tech en Javier Viveros.

Julio Benegas

La masacre pública en Torres Grossling (posible influjo de la ultra violencia mediática norteamericana). No hay ningún cuento homosexual ni lésbico. Poco jopará, casi nada del guaraní híbrido y disglósiko, ese lenguaje moderno de la urbe. Predomina un conato de grafía hacia un español ortodoxo, casi neutro, localismo salpimentando apenas en las horas dialogadas. Bazzano nos aporta datos sobre el valor de lo perdido, el largo proceso resignativo ke buska subjetivizar su dolor, para no matar su correlato empíriko. Benegas en su reconstrucción del “pintor asesino” -ese ñato de la farándula que ” eligió el color rojo sangre (y la pata de cabra, añadiríamos nosotros) para su última obra”- dentro del monólogo confesional del asesino introduce un poema gonzo.

Gustavo Torres Grössling

Su relato airado, convincente, con un verosímil mapeado de la geografía urbana, sin embargo recarga la retórica, creando otro pintor que el que le sirviera de referencia para su personaje literario, nada keda del semianalfabeto balbuceo oligofrénico en la cumbre de su furor, de sus lagunas mentales. Benegas prefirió un monólogo minucioso casi freudiano, terapéutico-hermenéutico, con final sorpresivo (como broche de oro feliz para el lector atento y con paciencia). Sublimó o mejoró digamos el correlato empírico. Esperamos más cosas de este autor. Toda una sorpresa para el reseñador que acaso topetó con su aguileña y afectada figura en las vanguardias de cierta barricadas muy en boga en los últimos tiempos. Da Ponte prefiere la brevedad de una estampa impresionista, casi un poema en prosa objetivista, de nouveau roman, de las huellas de una agitación nocturna, acaso la separación definitiva de una pareja, o también los estragos que deja la muerte…la ambigüedad de todos modos es exagerada.

Patricia Duarte

En Duarte lo étnico (ishir) se filtra museificado, en la taxidermia de un cuadro adosado a la pared burguesa, al lado de un libro de Lemebel o de la Woolf. Obsesión por los senos. El suicidio sugerido menos a través de un relato distorsionado, frío, casi indiferente, simbolización paradojal de un shock, ¡dolor forcluido por las palabras!, parece un dibujo chamacoco de Obwa de chamanes estelares sin bocas ni ojos, apenas el ángulo aristado de una nariz. La transformación en Heilborn: es un autoexamen solitario, cerrado, hermético, introvertido, a puerta cerrada. Cuerpo cotidiano metamorfoseado pero sin animalizarse, acaso alude a un éxtasis psicodélico, a un vuelo o trip lisérgico o al mero sueño. Dentro de la corriente de hiper subjetivización de varios de los cuentos de la colección, éste parece ser el más alejado de lo mimético-realista, sin osar pararse del todo en el umbral fantástico. Queremos leer más cosas del muchacho para corroborar su alejamiento definitivo o no del realismo.

Mónica Kreiböhm

La Kreiböhm es la autora de uno de los cuentos más asombrosos. Tiene: actualización de lo sexos, mapeo peripatético por la city, una conmovedora historia sin manipuleo o chantaje sentimental al uso del ultraje físico de una kurepa, como ella misma, la discriminación de un matiz, el acento desplazado sobre lo abultado, la totalidad del cuerpo. El lugar del placer, el fuego del amor, es profanado y usado como descarga de un resentimiento nacionalista más que machista (la diferencia entre las culturas étnicas como las de los aché, mbyá o avá con respecto a la cultura rural del campesino paraguayo estriba justamente en este punto infinitesimal: no discriminan lo argentino de lo paraguayo, pues están más allá del soy o no soy más paraguayo que la mandioca, slogan chauvinista por antonomasia de nuestro país de tierra adentro. Claro, el machismo ke buska como objeto de deshaogo a la mujer es lo primero, no negamos esa denotación lamentablemte tan frecuente.). La kurepa es marcada, judaizada con la estrella amarilla no solo por su sexo sino por su acento, que revela su condición de mujer extranjera.

Ever Román

No se descuenta que Kreiböhm haya recurrido a un hecho real mediatizado por la prensa sensacionalista (hemos leído más de una historia en la prensa de chikas humilladas por atreverse “a andar solo como un hombre tarde por ahí”). El lector queda exculpado, aligerado por su culpa silenciosa ante lo Otro, que fastidia nuestra unicidad endogámica, bola. Por todo eso este cuento es un hallazgo.

Mónica Kreiböhm, Carlos Bazzano y Lispa (compañera de Bazzano)

Méndez, la fotografía o la naturaleza muerta, la panoplia musical en sus reacciones defensivas, paranoicas, sin sexo o alegría. Intuimos un chiste sobre la muerte o desaparición de un músico (¿) por detrás de toda esta alegría solipsista, en clave de masones, de la flauta dulce o del dulcimer desafinado. Ortiz: Otra vez el solipsismo suicida que surca la city en estos textos (parece que el asunceno cuando muere, muere en silencio sin palabras directas gritando cosas como “¡Abran, carajo!”), que surca el río, al que solemos dar la espalda, en un acantilado para la muerte, sin más allá, el auto-examen hermenéutico, again, muerte. Román hace la crónica acelerada de una “Estrella Negra”, futbolista chaqueño con futuro promisorio que termina como travesti en Asunción contado por otro chaqueño. Son los sueños de tierra adentro que como despojos o bultos terminan en la capital de la Ficción: Asunción, como cruce de caminos. La narración, mitos, consejas, la densidad mito-poética de la “selva interior” recela -resakeada en la lichtung asuncena- desenmascarada, en su evidencia citadina, vulgar, cosmopolita.

Miguel Méndez

Torres Grossling: ambiente de jóvenes con pretensiones intelectuales quebrado en una peli hollywoodiana de asesinato en masa. Zonas fluctuantes, twiling alucinatorio, miedo reflejado en la cara lectora de los noticieros nacionales, de la city. D. Viveros, como en la peli de Kieslowski “No matarás”, donde desde un filtro verde junta tres pedazos de la ciudad en un gran fragmento final. El plan clandestino junta en Viveros las partes disociadas. El hilo narrativo se reconstruye con el punto final. Pedazos de vida (Short Cuts a los Carver) incomunicables, se rozan, chispean, explotan, rasgan…Tres historias unidas por su narrador al final, en el clack de su director. Javier Viveros La paranoia (moderna-posmoderna) -que Baudrillard definió como esa que disuelve el límite entre la esfera pública y la esfera privada. La de ser/estar siendo mirado por todos, como cuando comemos en un local de Mc Donald, somos publicidad total (mirado no sólo por El Gran Hermano, Dios Oculto profano)- invade la urbe paraguasha…Se trata de un montaje verosímil a partir del bric-a-brac tecnológico en boga: MSN, Internet, blogs, foros, multiplicidad de voces filtradas por una misma matriz cual madre/padre del tardo capitalismo. Asunción queda rebalsada inundada no por el río Paraguay sino por los medios tecnológicos como la pareja que busca privacidad para el amor en 1984. París/Asu hoy son la misma city gracias a la disolución de las fronteras llevada a cabo por la red de redes. Viveros ha abandonado los marcos anteriormente utilizados para la elaboración de sus textos, me refiero al parergon del boom.

Diana y Javier Viveros

Ahora canibaliza y carnavaliza sin corte a gente como Bolaño, e incluso insinúa un acercamiento a nuestros referentes locales más cosmopolitas (por darles alguna etiqueta). Las musarañas de Jesús Ruiz Nestosa, Historias de Babel de Joaquín Morales, El país de las mujeres de Jorge Canese. Canese nos lleva gratirola al disparate comercial de Aira, Morales al Pynchon gurú de la paranoia, cuando lleva a cabo esa paranoización homo de la historia del Paraguay, y Ruiz Nestosa, al Joyce del monólogo final de Molly Bloom en el Ulises, el chau al punto y coma más famoso de la literatura moderna. “Asunción era una fiesta” es a mi parecer el mejor cuento de esta antología, donde rescato con alegría de lector sorprendido en su prejuicios los trabajos de Benegas y la Kreiböhm como formando un segundo estrato…

 Por último, La orden secreta del nombre oculto, de Carlos Elbo Morales: es una cabalización de lo nulo, borgesización del vacío cotidiano. Además, en mi block de notas halló estas dos frases entresakadas, suerte de fragmentos pre-socrátikos de la anomia actual: “aquel clásico que ganamos 1 a 0 con el golazo de Achu”, y “…ahora voy a tener que hacer más chica la tortilla”. La primera, como ejemplo de la materia para un frase de esplendor expresivo, casi neopositivista, científico, en el umbral de lo aliterario; la otra, por el trocadillo que retintinea en nuestro cerebro colectivo: “más tortillera se hará la chica”.

“Anales urbanos”, VVVAA, Asunción, 2007, Arandurä editorial, 96 pp.

Cristino Bogado

Clip de Edgar Poe, Galundia y Chinoy en Perfomance Poética

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~ por Editorial Ombligo del Mundo en 23 junio 2011.

Una respuesta to “Yacarés urbanos”

  1. wee, qué locos están!…qué lindo! qué mucho! qué tiempo!

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