Posporno y Queer ¿qué son?

En esta edición 92 del Río de Heráclito, introducimos información y videos sobre un nuevo género político-artístico (el Posporno) proveniente de  una nueva cultura con sustento filosófico, la Cultura QUEER. Nacida en contraposición al conservadurismo del feminismo y las agrupaciones GLBTs en determinados temas.

Una edición que mueve marcos cognitivos.

Posporno

¿Qué es el Posporno? El Posporno, es una expresión política-artística (que abarca el cine, el teatro, la literatura y las perfomances). Nace en la Cultura Queer, como contraposición al conservadurismo asumido por los movimientos feministas y GLBTTT (Movimientos que luchan por los derechos de los gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros) Ante aquel conservadurismo asumido por aquellos grupos, surge como respuesta de la Cultura Queer, conformada por trabajadoras del sexo, maricas, transexuales, hombres sin pene, ciborgs, camioneras, sado-masoquistas, drag queen, drag king, seropositivos, no blancos, musulmanes, etc. un nuevo género pornográfico: el Posporno.

Cultura Queer

¿Qué es la Cultura Queer? Queer, en inglés significa “raro”. Con este término se trataba peyorativamente en los ochentas (y antes) a trabajadoras del sexo, putas, putos, travestis, transexuales, intersexuales, ciborgs, tortilleras, sado-masoquistas, drag queen, drag King. Del término (Queer, raro) se apropian estos grupos para redefinir sus identidades y su relación con la sociedad, demandar derechos y proponer soluciones ante el conservadurismo de los grupos de feministas y GLBTTT en temas relacionados a políticas de matrimonio pro familia. Entiende la Cultura Queer, la institución del matrimonio como una estructura más de un orden burgués, del cual toma distancia.

¿Por qué?

“ Porque sus objetivos – los de los movimientos de liberación de gays y lesbianas – constituían y siguen constituyendo, la obtención de la igualdad de derechos, basándose en una identidad determinada por la diferencia sexual, pero asumiendo tal identidad (estable) bajo el régimen impuesto – heterocéntrico – . Contribuyendo, de manera conformista, a la normalización y la integración de gays y lesbianas en el discurso heterosexual dominante, lo que “favorece las políticas pro-familia, tales como la reivindicación del derecho al matrimonio, a la adopción y a la transmisión de su legado”. Además, estos movimientos de liberación estaban representados por sujetos gays o lesbianas “reconocidos”: guapos, blancos, de clase-media, sanos y prácticamente todos iguales; frente a estos, el resto no existían. Es evidente que la situación que condujo a revisar la noción de “mujer”, se repetía ahora desde el mismo post-feminismo, pero desde la noción de los nuevos sujetos políticos de “gay” o “lesbiana” Frente a tal conformismo y normalización , un sector más de la población reaccionará reapropiándose de lo que, en su origen se entendía como un insulto, para así, auto-definirse políticamente; dando lugar a las multitudes Queer (…), como sujetos con identidades multilaterales, nómadas, no estables, que rechazan toda categorización heterocéntrica, como resulta la dicotomía hombre/mujer, pero también la de gay/lesbiana, por resultar identidades construidas en su diferencia con respecto a la dominante. Son categorías que al asumirse de manera fija, conforman para Butler “falsas y tramposas categorías” que no permiten cuestionar la sexualidad dominante, y en consecuencia, naturalizan, lo que no es si no, una heteronormatividad.” (Posporno, Isabel Porro, página 11)

Para el Cultura QUEER, el género (como componente identitario de las personas) es una construcción social, no esencialista y mutable.

“La clave del activismo Queer reside en volver del revés las prácticas de normalización, que impregnan todo el sistema cultural, ya desde el nacimiento, y que son aplicadas para aquello que no se considera normal, para aquello podríamos decir Queer. Este complicado grupo de relaciones se inscriben dentro de un sistema de redes complejas, cuyo entramado se construye en base a la heteronormatividad a través del lenguaje, la televisión, la escuela, la medicina, el derecho y la religión. Pero también, a través del discurso pornográfico tradicionalmente entendido, y filtrado siempre por la mirada masculina, y que en términos biopolíticos, opera igualmente normalizando la utilización de cuerpos, otorgando modelos pedagógicos de la sexualidad; diciéndonos cómo, con quién y cuándo a base de repetir las mismas prácticas sexuales estereotipadas – performativas – y normalizando la heterosexualidad. La pornografía clásica supone una forma más de reinscripción y repetición de códigos masculino y femenino, que socialmente se entienden como naturales; supone una reinscripción de la(hetero)sexualidad. Lo que convierte aún más cómplices del Estado a las feminista abolicionistas, que con sus censuras – selectivas – les otorga ese doble poder de regulación de la sexualidad, al que ya aludía E.Willis en 1981.

Ante este feminismo puritano, surgirá entonces el feminismo punk o posporno. Supondrá una nueva reivindicación por parte de todas aquellas mujeres, que como explica Beatriz Preciado, han sido consideradas como “los bajos fondos de la victimización femenina”, los “malos sujetos”, las “mujeres al margen”; es decir, en este nuevo desplazamiento del sujeto político “mujer” tomarán ahora la palabra las putas, las violadas, las actrices porno; aquellas que, en palabras de Virginie Despentes, constituyen “todas las excluidas del mercado de la buena chica” que hartas de ser consideradas “víctimas” tomarán la palabra – y la cámara – conformando, simultáneamente, un nuevo feminismo y nuevo género pornográfico: el Posporno. A finales del siglo XIX el feminismo se posicionó contra la prostitución y ahora lo hace a favor de reivindicar la legitimación del “trabajo sexual”. A finales del s. XX surgió una corriente del feminismo que se posicionó contra la pornografía como instrumento para la opresión de la mujer. Ahora surgen voces de mujeres que claman por un porno diferente; un porno – que frente a la abolición – acoja la representación de lassexualidades múltiples al amparo de la cultura Queer y que redibuje la sexualidad de la mujer desde un punto de vista feminista.” (extracto de Posporno de Isabel Porro).

Queer por Beatriz Preciado

 Beatriz Preciado: filósofa española, autora del “Manifiesto contrasexual”.

La geografía del conflicto en la filosofía QUEER

“Revolución Contrasexual” de Beatriz Preciado, “Posporno” de Isabel Porro, “El Posporno era eso” de María Llopis, son algunas de las obras que definen filosóficamente la Cultura Queer y su expresión: Posporno. El cuerpo filosófico del Posporno está sustentado en la cultura Cultura Queer.

Este cuerpo filosófico en sintonía con la filosofía marxiana, entiende (por medio de sus autoras) que la función principal de la filosofía no es entender y explicar el mundo, sino transformarlo. En esa función transformadora el movimiento Queer, concibe que el sistema global imperante no es solo capitalista, sino patriarcal, machista y hetero-normado.

En la filosofía Queer tanto como en la marxiana, el conflicto es incorporado como parte esencial del sistema filosófico propuesto. Pero amplia la marxiana, con aportes de Foucault –especialmente referidos a la microfísica del poder- asumiendo la Teoría Queer (y por ende el Posporno) que la geografía donde se resolverá el conflicto, no está dada solo por su dimensión macro (Estado, Políticas Públicas, Sociedad, Militancia Política) sino también por su dimensión micro (familia, y el propio cuerpo). En tal sentido, es una ampliación de las clásicas teorías del conflicto.

En la dimensión micro, el movimiento Queer por medio de su herramienta expresiva Posporno propone la subversión y la intervención sobre el propio cuerpo, a objeto de recuperar las identidades perdidas en la heteronormativización capitalista, patriarcal y machista que ha definido los géneros y roles solamente en dos esencialidades inmutables, varón y mujer.

El Postporno es un programa político radical que utiliza herramientas de la industria pornográfica para transmitir estéticas y mensajes que buscan la reapropiación del propio cuerpo enajenado por la heteronormatividad, la legitimación del trabajo sexual y la revisión-transformación del concepto de identidad, como algo fijo e inmutable.

Todas las exponentes del posporno reivindican la función didáctica del porno en la sociedad, “con internet ya existe una generación de personas a nivel global que ha aprendido a disfrutar de su sexualidad viendo porno” dicen.

Reivindicaciones Raras

Entre las reinvindicaciones sociales que buscan el Posporno y la Cultura Queer se encuentra la legitimación del trabajo sexual, diferencia ineludible con el movimiento feminista.

La Cultura Queer (del cual el Posporno es subsidiario) persigue la abolición de las Políticas de Identidad, no de la identidad, sino de las políticas públicas que tienen los Estados respecto a la identidad, esto es sacar de los documentos de identidad la clasificación hombre-mujer (de lo cual dependen otras políticas binarias destinadas a los sujetos clasificados) atendiendo que en la concepción Queer, somos todos identidades en tránsito; siempre. Hay tantos géneros y orientaciones sexuales como personas hay en el mundo.

También, -la Cultura Queer- lucha por el cese de las mutilaciones a las cuales son sometidos las personas intersexuales (vulgo: Hermafroditas). Una entre cada 4 mil personas, nace con esta condición natural de tener órganos de ambos sexos, y se los mutila en la infancia para “normalizarlos” en hombre o mujer. Esta condición de nacimiento del intersexual, es vista como el caso que rompe con la construcción ideológica de que todos nacemos hombre o mujer (binarismo construido sobre una base ideológica) y que desconoce esta condición de nacimiento como natural.

Video posporno

Con estéticas venidas del porno (vestuario, luces, accesorios) y un tango de fondo; con la imagen a oscuras al comienzo, es una muestra de como opera la obra posporno en la construcción-deconstrucción de mensajes. Recurriendo a estéticas chocantes visualmente, transmite un mensaje incómodo para las tabacaleras. De paso molesta a las patriarcarlidades psíquicas del observador.

Ultimas Reflexiones

“Nos guste o no, la identidad humana, la deducimos en primer lugar, a través del cuerpo y su apariencia, y siguiendo a Lourdes Méndez ,nos sirve para establecer una primera identificación de la persona. Lo que en Occidente, nos lleva a atribuir a una persona de sexo macho una identidad masculina por naturaleza, e igualmente a una persona de sexo hembra una identidad femenina. Y, consecuentemente, materializándose en roles, funciones, conductas, prácticas, e incluso, sentimientos y emociones diferentes según el sexo. A tales estrategias heterocéntricas de normalización, debe aunarse la de la sexualidad, para la cual – la norma dominante – está basada en un instinto básico al servicio de la reproducción de la especie, y en consecuencia, heterosexual; que hace coincidir los órganos sexuales con los reproductores. De ahí, que entre otras prácticas subversivas, hacia las que aboga Preciado en el Manifiesto contra-sexual, proponga siguiendo la línea de Deleuze y Guattari, una recuperación del ano como centro transitorio de un trabajo de deconstrucción contra-sexual. Añade “el trabajo del ano no apunta a la reproducción ni se funda en el establecimiento de un nexo romántico. Genera beneficios que no pueden medirse dentro de una economía heterocentrada. Por el ano, el sistema tradicional de representación sexo/género se caga” (Preciado, 2002:27).

En el espacio cultural de la imagen y de la representación del cuerpo, legitimados y no legitimados como la pornografía, además de, por supuesto, los espacios científicos y literarios; la sociedad occidental ha ido creando y legitimando todo un conjunto de imágenes de unos “Otros” considerados como fuera de la “norma”, inferiores o victimizados bajo la lógica del discurso dominante. De manera que el conjunto de Otros, minoritarios aparentemente – aunque dudo que la suma de todas las minorías, se atan minoritaria realmente – son el resultado de identidades patologizadas conforme a la dominante – dando por hecho su “anormalidad” e inferioridad – constituyéndose en una única base reguladora de lo que se haya considerado como natural o no en cada momento; es decir, constituyéndose en la misma lógica de todo discurso colonizador y autoritario, como aquel falso sujeto universal que tanto tiempo ha sido el Hombre Blanco. E igualmente, el posterior sujeto político “mujer” homogéneo y reductor, y por ello excluyente, que desde los ochenta viene siendo sometido a múltiples desplazamientos epistemológicos.

Pero, ya no se trata, aquí, de otro desplazamiento más, sino de construir, recrear, experimentar una identidad propia sin acogerse a falsas categorías fijas que no reproducen una realidad práctica, y una identidad o identidades “dinámicas” que se resistan continuamente a los procesos “subyugadores” de normalización. Porque toda identidad fija; la de los considerados “normales” como la de los “anormales”, están construidas – bien para rechazarla o bien para asimilarla – en base a aquella “tecnología biopolítica” que describía Foucault, o al “sistema fármaco-pornográfico” que más acorde con nuestra actualidad describe Preciado. Dentro de estos conjuntos sistémicos de representación homogeneizadora de sexo/género/sexualidad, se encuentra – y por supuesto no únicamente – el cuerpo de la mujer ; condicionado y creado durante mucho tiempo como una ficción del imaginario masculino.

Pero, como hemos visto, no sólo en la pornografía hegemónica, sino también en la moda, publicidad y medios de comunicación, etc. De manera, que a pesar de los estereotipos que reproduzca la pornografía, su abolición no es suficiente ni mucho menos para librarnos de las construcciones del cuerpo que se nos ha impuesto, puesto que los espacios están muchos más intercomunicados de lo que quizás aparentemente deduzcamos, y de los que dependen – queramos o no – nuestras identidades y no sólo de género y sexualidad, también de raza, clase, nacionalidad, etc. Además, en cuanto a la imagen se refiere, ya he pretendido demostrar a lo largo de este trabajo, que la pornografía no es en sí misma, y que no es sino el resultado de maniobras políticas que no pretenden otra cosa que no sea guetizarla, al igual que con la prostitución. Ya lo afirma el feminismo Posporno ‘que el Estado no puede protegernos de la pornografía, ante todo porque la descodificación de la representación es siempre un trabajo semiótico abierto del que no hay que prevenirse, sino al que hay que atacar con reflexión, discurso crítica y acción política’ (Preciado, 2008:239)

Así que, qué mejor que partir desde el propio cuerpo para crear formas de acción, deconstrucción de identidades, a través de las diversas construcciones de nuestro propio cuerpo, para resistir a la naturalización de cuerpos, sexos y sexualidades implícitas en todo el sistema biotecnológico, que no únicamente en la pornografía .Entendiéndose toda identidad como una forma cambiante y movediza y desde mi punto de vista, más efectiva desde las prácticas lúdicas, el humor y las bromas, que a pesar de aparentar banalidad, sirven para romper el conformismo y el status quo imperante, tan reprochado en la posmodernidad. De manera que lo lúdico y reflexivo, pueda llegar a convertirse en político al reproducir nuevos cuerpos, nuevas subjetividades que sobrevivan a los procesos de normalización.

La crítica feminista abolicionista o “anti-sexo” recuerda, al fin y al cabo, a los inicios de la crítica literaria feminista; la cual, en un principio, se centró en las imágenes de la mujer en la literatura; estereotipos dañinos y falseados por la producción de todo un imaginario masculino – aquellos como “la bruja”, “la arpía”, “el ángel del hogar”, “la santa”, “la mujer fatal”… – estereotipos donde, por lo general, las mujeres eran cosificadas como objeto de belleza o deseo, y si no, como objeto de pecado. Sin embargo, como parece evidente, nadie pensó en abolir la literatura por las imágenes humillantes que reproducía de la mujer, a las que igualmente hacía daño. Es evidente que la literatura entra dentro de los dominios del “buen arte”; por lo que, aún más, se refleja la doble complicidad del feminismo abolicionista con el Estado y sus viejas premisas ancestrales y patriarcales; dejándose llevar por una falsa censura, que por un lado tiende a la guetización, y por otro, a una falsa censura que no hace si no regular la sexualidad en torno al discurso sexual dominante y fomentador del dimorfismo sexual – cada vez más plástico – .

Cuando las mismas feministas literarias, se dieron cuenta de que, en realidad, se estaban basando en unas imágenes/estereotipos que no eran otra cosa que el resultado de todas las producciones masculinas, cambiaron su perspectiva y comenzaron a crear una producción propia; comenzaron a escribir. Que no es otra cosa que lo que está haciendo el feminismo posporno ante los clichés del porno clásico; pasar a la producción de su propia pornografía para subvertir todas esas imágenes creadas – como en la literatura – por el imaginario masculino unidireccional. De manera que, como propone Mercedes Abad , “ante el discurso nefasto pornográfico, que tiende a perpetuar estereotipos nefastos, existen varias opciones: 1) abogar por su abolición 2) no consumirla y 3) hacer una nueva pornografía”; en esta última se encuentran las posporno, puesto que, qué mejor que pasar a producir en lugar de abolir; no para imitar la pornografía existente, sino para poder elegir un porno a nuestra manera; una pornografía al gusto.

Dice P. Vidarte ‘realizar una puesta en escena pornográfica propia’, lejos de los estereotipos impuestos y con el objetivo de abolir el género para construir nuevas subjetividades, ‘un sujeto posmoderno, un sujeto aún marginal, o al menos, un sujeto muy diferente del sujeto racional ilustrado (…) del que somos víctimas y herederos directos’. Donde el sujeto ha de ser capaz de construirse un cuerpo pornográfico que forme parte de su autoimagen y que rompa con el cuerpo heterocentrado cortado, mayoritariamente, por los mismos patrones estéticos reductores y homogeneizadores que marginan toda diferencia que no se corresponda con la lógica sexo/género/sexualidad. Y, hay muchas formas de construirse un cuerpo pornográfico: talleres, vídeos, teatro, fotografía, internet – espacio hacia donde, especialmente, dirige su mirada P.Vidarte – ya que permite fácilmente ‘pasar de ser espectador a actor y participante, de consumidor a productor de pornografía.

La creación de un cuerpo en primera persona y no una mirada objetivadora, científica y colonial. Visto lo visto – y en la pornografía clásica ya está todo visto – tomando la premisa de las GWLP (Girl Who Likes Porno) y la tercera opción que plantea Mercedes Abad, si no nos gusta lo que hay, lo mejor será hacerlo nosotras mismas.” (Posporno, Isabel Porro)

Collage informativo (incluído errores): Miguel Méndez.

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~ por Editorial Ombligo del Mundo en 19 mayo 2012.

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