Postal de la desigualdad casi perfecta

la-desigualdadTres niños lustrabotas peleando por clientes bajo 45° de calor, un puesto de venta de revistas, indígenas Maká descalzos vendiendo artesanías, ejecutivos de traje, funcionarios públicos, automóviles último modelo, vendedores ambulantes por doquier, policías y dos ancianas mendigas es el paisaje que se observa sentado en la vereda de un local de venta de empanadas, en el cruce de la calle Palma y Chile de la ciudad de Asunción, capital de un país donde la desigualdad en la propiedad de la tierra es casi perfecta: Paraguay.

Un centenar de campesinos desciende por la calle Chile, sombras de mujeres y hombres castigados por la desnutrición crónica, no hablan espa- ñol sino guaraní, idioma ancestral, mayoritario en estos pagos. Los cuencos de sus ojos grafican el abandono, la desesperanza, la miseria acumulada por décadas. “Campesinos sin tierras” se llaman a sí mismos.

La lenta marcha de estos desheredados causa un embotellamiento de audis, mercedes y BMW que transitan las vías céntricas de la esquina mencionada, esquina que es solo una imagen, una instantánea de la realidad socioeconómica de esta isla rodeada de tierra (Roa Bastos), un fractal que en minúsculo guarda todas las inequidades de un cuadro, figura, mapa mayor. Con 406.752 kilómetros cuadrados y 6.672.000 habitantes (censo de población de 2012), Paraguay se encuentra anclado en el corazón de América del Sur, sin costa ni salida al mar, rodeado por Argentina, Brasil y Bolivia, un agujero negro de tierra colorada, sitio en donde –como me lo describiera una vez en este mismo restaurante el sociólogo y poeta Emilio Pérez-Chávez– “la única ley que se cumple es la de la gravedad… y no siempre”.

Mientras espero mi pedido en el tradicional establecimiento (un cartel a la entrada de los sanitarios reza: “Venir a Asunción y no visitar el Lido es como ir a París y no conocer la Torre Eiffel”), un oratorio de arquitectura colonial –conocido como el Panteón de los Héroes– me hace sombra sobre los papeles que reviso al respecto de la distribución de tierra en este paraje, cuya economía, además de la falsificación de marcas extranjeras, la triangulación de contrabando en la triple frontera que mantiene con Argentina y Brasil, y la producción de marihuana (varios estudios indican que es el mayor productor de la región), gira en torno a la venta de electricidad, la ganadería y la agricultura, siendo el cuarto productor de soja del mundo y primero en cantidad por hectáreas.

La mesera trae mi pedido, se lo agradezco con un gesto y con el pensamiento repaso el concepto del coeficiente Gini, el cual es una medida de desigualdad pergeñada por el estadístico italiano Corrado Gini para medir la desigualdad en los ingresos, pero que puede utilizarse también para medir cualquier forma de distribución desigual, un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad y 1 con la perfecta desigualdad. Y es que en Paraguay, según el último Censo Agropecuario del 2008, el índice Gini de concentración de la tierra llega a 0,94, es decir, la desigualdad casi perfecta. Es el país con mayor concentración de la tierra en todo el orbe (Guerrena, 2013:8). Los datos oficiales suministrados por los censos agropecuarios realizados en diferentes décadas (1921, 1944, 1956, 1981, 1991 y 2008) confirman la progresiva concentración de este recurso en este entrópico rincón del planeta.

En el estudio referido del año 2008, el 85,5 por ciento de las tierras está en luego del cual el gobierno del Partido Colorado, hasta hoy hegemónico, a cargo de Bernardino Caballero vendió 21.757.500 hectáreas del Estado a inversores extranjeros: más de la mitad de la superficie del país. La situación fue agravada más tarde durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), cuando tierras destinadas a la reforma agraria fueron cedidas a terratenientes.

Por ahora, una redistribución más equitativa de este recurso de vida fundamental no se avizora, no existe conciencia del problema entre los oligarcas que ostentan el poder económico, polí- tico y comunicacional.

En 2011, una investigación del PNUD colocó al país con el IDH más bajo de la región. Al año siguiente, trabajos de la CEPAL indicaron que el 30 por ciento de la población vive en la pobreza y 55 por ciento no accede a una canasta básica de alimentos.

La mesera me acerca la cuenta y se vuelve para la barra, una empanada, un pancito y una gaseosa Pulp (una de las 15 empresas del millonario Horacio Cartes, expreso por evasión de divisas y actual presidente) suman 15.000 guaraníes, aproximadamente 3 dólares. Reviso mi billetera, no traje nada… una angustia recorre mi pecho, me pregunto: ¿qué hubiera hecho el maestro Pérez Chávez en esta situación? Miro a un costado, recojo mis notas, les hago un guiño a los lustrabotas y suavemente deslizo mi sombra hacia las que discurren por la calle de al lado, me fusiono en ellas, me pierdo…

Miguel Ángel Méndez Pereira

Publicado originalmente en Revista El ciervo, Número 755, enero-febrero 2016.

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~ por Editorial Ombligo del Mundo en 12 octubre 2016.

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